7 ago. 2013

Como el último baño de tu piel las calles se atragantan

       EL  REGRESO  COMO  PESADILLA

 

Llueve y hace frío.

Te sientes como en un viaje en autobús hacia la nada, como un arroyo ciego que en el vapor del cristal va tachando las fechas húmedas;

 

como el último baño

de tu piel las calles se atragantan deprisa y en los finísimos hilos del invierno el cielo muerde, las estrellas tiemblan, padecen una terrible y débil agonía;

 

lejos de los claustros

llevas un lugar cosido a las espaldas, un arquitrabe inmaculado y frío

para cerrar los ojos y vivir a veces, una mujer herida como el orgullo de las arañas aroma café con leche y bufandas que aguardan algo indescriptible.

 

Si tuvieras que volver

de nuevo al Monasterio, elegirías un último pedazo de tiempo en este París de dilatadas letanías bajo el sol de invierno y la humedad invadiendo el interior de las personas con sus gotitas de agua resbalando también hacia la misma incertidumbre.

 

Si te vieras obligada a regresar

de nuevo al Monasterio mirarías por última vez los restos de verdura en el mercado, la resina ácida cayendo sobre la corteza de pinos y álamos.

 

 ¡Ah! Si sólo pudieras olvidar

aquella pesadilla… volvería a ti la locura silvestre que impregna la metamorfosis de esta ciudad que renace cada mañana.

 

Por suerte

cuando abres los ojos te alegras de haber huido ya sin sandalias ni un crucifijo mojándote los labios.

 

De todas formas,

con pesadillas o sin ellas ya no necesitas medicamentos para que deje de doler tu soledad lejana para acallar tu búsqueda incesante, tu libertad como locura definitivamente; tu vértigo, mejor que el alcohol, limpia tus arterias y tu alma.

                                            De la novela "Las Puertas del Monasterio

                                                             Johann R. Bach

                                                    Web: www.homeo-psycho.es

                                                     Blog: Homeo-Psycho

 

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