23 oct. 2013

Todas hemos colaborado

FIESTA DE ANIVERSARIO (1)

 

       LA  JOCOSA  APOLOGÍA  DE  SIMONE

 

No sé si las feministas pueden,

como tal grupo, luchar por destruir toda virtud y todo ideal, todo sueño, toda infancia pero basta que una feminista como Simone encienda una chispa de vida, para que su feminismo sea para mí un tesoro.

 

A fin de cuentas,

esa forma de pensar, ese altruismo femenino, es el que me ha permitido entrar en un coro de voces que me han arropado y me ha dado la oportunidad de una vida espiritual que me colma de satisfacciones.

 

No me importa cuántas mujeres

dentro de un grupo feminista puedan ser de un modo u otro; lo que realmente me interesa es la calidad de Simone, que en definitiva se trata de una persona entregada, cuyo humanismo está fuera de cualquier duda razonable o no, y, su fidelidad frente a sus voces amigas es la mayor garantía de la bondad de su corazón.

 

No me gustaría rechazar sus ideas,

y volverme de espaldas ante ellas a pesar de que a veces se pone pesada, salta de un tema a otro y se emborracha con sus mismas palabras. No ayudaré a sus adversarias ni con el más ínfimo de los argumentos en contra.

 

Me duele ver

como algunos grupos de feministas utilizan conceptos puramente masculinos y juegan con ellos destruyendo cualquier atisbo de reconciliación;

 

cómo tantas y tantas mujeres

no reniegan de la violencia que durante miles de años la condición femenina ha rechazado. Para mí es inconcebible que una muchacha se haga soldado, precisamente en unos momentos en que parecía que los hombres se negaban a guerrear.

 

Me niego a callar

en todos aquellos lugares donde crecen el desorden, la dureza, la falsedad y la ausencia de sensibilidad. Por ese motivo comprendo que muchas mujeres prefieran refugiarse en la pura bondad humana, de grupo alguno; en los libros y en los sueños, en la música, lejos de toda colectividad.

 

Y quizás algunos espíritus excéntricos,

aislados del mundo, me comprendan como Simone y entonces habré encontrado otro tesoro.

 

Ya sé, Simone,

que en un principio, de niña, cuando sentías más con la intuición en carne viva que con los libros y con las razones bonitas, las religiosas que conociste te parecieron superficiales, tiesas e insensibles, sin poesía, sin fluidez, sin espontaneidad, sin sinceridad, sin vida.

 

Todas las presentes sabemos,

por lo que tú misma nos has demostrado con tu cariño hacia nosotras, que aquellas monjas, que carecían de esa delicada vitalidad que caracteriza a las personas altruistas, sin ese viento insurrecto que traspasa hasta los pulmones, sin esa disposición para sentir hasta el fondo del alma en medio de la vida y sin aferrarse a nada, sin esa capacidad de desnudarse frente a uno mismo, completamente entregado al interior, sin ese sentir sutil, discreto, frágil, no pudieron adormecer tu alma

 

Quisiste ver en el extremo contrario

a un conjunto de revolucionarias comprometidas con sus ideales hasta las tetas, soñadoras que ansiaban transformar el mundo y hacerlo simplemente habitable, seres ingenuos y sensibles, valerosas de corazón.

 

Y, encantada ante tal idea,

participaste y te opusiste a las religiosas, a quienes considerabas tiesas estatuas cuadradas incapaces de sentir de lleno, de soñar más allá de un conjunto de reglas matemáticas y estatistas, de lanzarse a los abismos en busca de la música humana, de fluir libres y entregarse de ojos cerrados a los sentimientos espirituales.

 

 Sin embargo, terminaste

decepcionada de ellas, odiándolas, muy triste.

 

Nadie

de aquellas "revolucionarias" comprendía tu forma de amar ni tus sueños, se burlaban de ellos, de todo lo bello, de todo lo noble, de todo lo virtuoso, de todo lo mágico de tus fantasías.

 

Todo en ellas era destructivo,

tan duro, tan chabacano, tan vulgar, tan gris, tan anti-cuentos de hadas.

 

Te asustaba su mundo,

te daba pánico ese mundo caótico, turbulento, grosero, de personas zarrapastrosas, mal vestidas, para quienes las drogas eran algo normal y el sexo por el sexo lo más "cool", y también los chistes sin contenido, así como una música desaliñada y estruendosa que en nada te llenaba el corazón.

 

Advertiste violencia

en las imágenes que les atraían y de las que se rodeaban, imágenes que a otros parecían comunes y corrientes porque es lo que acostumbra la gente de nuestra sociedad –es una de las razones por las cuales no ves tv-.

 

Leíste varios libros

sobre religión, te sumergiste momentáneamente en ese mundo, pero ello no te llevó más que a un acercamiento más estrecho con el alcohol...

 

Creíste que el final

del recorrido, la solución a todas tus inquietudes se hallaba en unos pocos libros sobre mitología, llenos de poéticas palabras y de sentido. Te obsesionaste.

 

Quisiste ser monja de claustro.

Y yo me siento orgullosa de haber influido sobre ti –con la ayuda de todas vosotras- lo suficiente para quitarte esa idea de la cabeza.

 

Todas las que estamos aquí

nos sentimos orgullosas de tu amor, de tu feminismo y de tener tu voz en el Coro.

 

Todas hemos colaborado

en la redacción de este pequeño discurso que sólo pretende demostrarte nuestro amor y que opinamos que no vale la pena perder el tiempo hablando de Dios y de la Biblia, que lo que importa son los gestos de ternura cotidianos.

 

Sin nada más que decirte te deseamos un feliz cumpleaños.

 

                                                               LAS COMPAÑERAS DEL CORO
 
Johann R. Bach

 

 

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