21 oct. 2013

¿Pareces decir que la pasión dominaba sobre el propio talento...?

           A UN BRONCE

 

Hace muchos, muchos, muchos años,

cuando Marta Guillamon estaba completamente despreocupada por saber si daba la talla o no escribió, a modo de ensayo, a un bronce.

 

Bolígrafo en mano –me contó-

le dio varias vueltas a una aleación metálica de cobre y estaño. Ante aquella estatua admiró la voluntad de persistir de los artistas y escribió:

 

¡Oh añoranza,

cuya viva imagen está sentada sobre la roca, como una encarnación de la eterna melancolía!

 

¿De dónde eres?

Tu figura se inclina sobre el abismo. Con el dedo posado sobre los labios cerrados y la mano sobre tu corazón, te arrodillas como las hojas dispersas.

 

¿Eres acaso el símbolo de la gloria perdida?

¿Eres el recogimiento solitario?¿Eres la piedad, el silencio, el sueño, la inquietud?¿Eres el rostro triste del negro pesimismo de este mundo?

 

 Y bajo tu frente obstinada y fatal,

¿conservarías para siempre las razones ensombrecidas por todas las cosas?

 

Tal vez tus labios se abran algún día

para decirnos solamente que tu corazón sufre y que estos verdes ramajes, emblema de la fuerza, pisoteados por tus pies, nos van a insinuar que todo es vano.

 

Sea como sea, obra de misterio,

calientas mi corazón con el verdadero sol del arte; me persigue y me obsesiona un recuerdo de las visiones florentinas desde que tu desesperado perfil se ha vuelto hacia la baja concepción del artesano contemporáneo.

 

A tu alrededor surgen como figuras muertas,

evocaciones taciturnas, mudas y pálidas donde la nada, la bajeza y la insipidez sólo hacen que elevar todavía más tu bronce augusto.

 

En el aislamiento donde brilla tu metal,

¿acaso pareces decir también que antaño los maestros eran grandes y sus intenciones más altas; que podían vivir pro un arte de sinceridad?

 

¿Pareces decir que

la pasión dominaba sobre el propio talento, mostrando por sí sola las almas libres, fuente de belleza?

 

Cuando Marta tomó las riendas

de la editorial familiar tuvo la ocurrencia de poner en la portada de un libro de arte esa apología del bronce. Aquél fue su primer fiasco como editora. Pero yo aún conservo un ejemplar de aquel libro de arte ilustrado.

 

                                                                     Johann R. Bach

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