20 oct. 2013

El aroma de los eucaliptos ... levanta mi euforia y me hace sentir como una diosa del amor

          Isla de la Toja 2

 

Manuel se ha empeñado en verme conducir el Wrangler por lo que sin rechistar me he puesto al volante como una buena alumna. Camino del hotel me ha tomado la mano y con ternura me ha lamido la palma como si quisiera beber en un cuenco sagrado. He sentido como mi fuente comenzaba a brotar.

 

He aminorado la marcha hasta detener el auto junto a los eucaliptos, he abierto la ventanilla para aspirar el aroma de la isla. Le he mirado a los ojos y él ha mirado los míos. Ninguno de los dos queríamos retirar nuestras miradas hacia ninguna parte. De mi fuente manaba agua bendita a borbotones.

 

Me he deshecho cuando Manuel  me ha pedido que le deje nadar dentro de mí, y, que le deje hundirse en mi piel hasta la estrella de cuarzo de mis labios. Ya en la terraza del hotel se ha sentado en el suelo, apoyando su cabeza sobre mis rodillas y con su pelo frotándose entre mis dedos he sentido esa misteriosa brisa de la Isla de La Toja. Hubiera querido guardar ese instante en mi portafolios y llevármelo al Hospital como recuerdo.

 

El aroma de los eucaliptos junto a las luces de las farolas levanta mi euforia y me hace sentir como una diosa del amor con un auténtico atlante arrodillado entre mis muslos como en un pastel de Rosa Elvira Caamaño Fdez.

 

Los terribles calambres que sufro por las noches en la cama de mi estrecho estudio del Hospital limitan mis placeres con Igor, mientras que el consejo de Manuel de bañarme los pies, en las frías aguas, paseando por las bellas playas de la isla me permite sentir oleadas y oleadas de gozo sobre toda mi piel y ningún dolor me molesta mientras mis labios y mi cuerpo permanecen hilvanados perfectamente a la excitante figura de mi atlántico amante.

 

Tampoco sufro, después de esos románticos paseos por la arena húmeda, los calambres que impiden mi marcha al ponerse rígidos los músculos de las pantorrillas.

 

¿Influirá en mi bienestar el que Manuel me pasee orgulloso por esas orillas de la Isla de La Toja donde caminaron en otros tiempos los dioses? La verdad es que desde que conozco a esta criatura, enviada y bien recibida como premio, ha cesado toda sudoración maloliente de mis pies y las arañas de mis muslos casi han desaparecido.

 

En la habitación contigua duerme plácidamente, como nunca, Carmiña. Se pasa el día haciendo dibujos como una loca desde el momento que le he dicho que tras esas líneas y colores puede hallarse la clave de sus pesares y la llave de la puerta que le puede conducir a un mundo infinitamente más satisfactorio que el que ha conocido hasta ahora.

 

Yo estoy contenta porque en esta ocasión, cuando me despida de mi amor, no regresaré sola al Hospital.

 

                                                                     Johann R. Bach

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