17 oct. 2013

Ya sólo te quedan las idas y venidas

DESPUÉS DE SUPERAR UN INFARTO

 

Ya sólo te quedan las idas y venidas

de un cuerpo que cada vez responde menos.

 

Sueñas reintentos mesurados

de viejos proyectos y de antiguos delirios, pero ahora tranquilos por tu falta de energía.

 

Tu soledad no se calma

con amores recalentados y poco entusiastas en los que tú pagas inevitablemente la cena y al otro lado de la mesa la cara sustituible aplaude moderadamente tus ocurrencias y

 

tu humor de siempre

porque al fin y al cabo no has dejado de ser el infatigable lobo que se resiste a creer que has empezado a envejecer.

 

El mundo, sin embargo,

se vuelve para ti cada vez más simple a tu alrededor, más grande y más pequeño, y más hermoso y más detestable.

 

Dentro de no muchos años

las cosas serán muy distintas, pero ahora te parece como si se hubiesen simplificado,

 

como si la comida fuese

en parte más sustanciosa y la carne de las muchachas más firme, más ingenua, más hermosa y menos inquietante;

 

y, tu lugar en el mundo más claro,

más interesante, más amable y también más triste. Y los amores cada vez más cercanos. Y las despedidas cada vez peores.

 

Aún no eres viejo;

sólo tu corazón está un poco gastado. Te han prohibido el café, las grasas animales, la leche, el pescado y el alcohol. Casi nada.

 

                                                                     Johann R. Bach

 

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