13 oct. 2013

No me ha gustado el viaje a la India

    ¿SURREALISMO EN LA INDIA?

 

                                                        Hay que sacarlo todo afuera,

                                                        como la primavera.

                                                                                        Alan Pauls

 

Marta Guillamon relata su viaje a la India

y se obsesiona pensando en los que crecimos amando el romanticismo revolucionario aunque luego, escarbando, encontrásemos trovadores mesiánicos, vanidosos inconfesos, capitalistas subversivos.

 

Cuando se le pregunta qué vio en la India

que tanto la conmovió suelta inmediatamente uno de sus monólogos llenos de adrenalina y dinamita.

 

"Los vestigios del pasado de la India

se citan hoy con la más avanzada posmodernidad y el urbanismo descontrolado:

 

casas cochambrosas y cibercafés

rivalizan con templos y carteles publicitarios, desluciendo las imágenes omnipresentes de los dioses".

 

"Esta mezcla heteróclita

–continua Marta cogiendo aire- de elementos confiere al país un carácter surrealista".

 

No me creí,

hasta que no comprobé con mis propios ojos, las palabras de Charan Das cuando define la cuestionable esencia india como un ejercicio teatral del absurdo:

 

"una personalidad escindida

en polaridades irreconciliables que, pese a todo, se empeña en unir las piezas sueltas".

 

Me duele ver

cómo el dramático rompecabezas resultante ensambla a Aristóteles y al Mahabharata, cómo poetas románticos ingleses, se esfuerzan sin conseguirlo en casar a T. S. Eliot con el culto a la diosa Kali.

 

Es el síndrome del "absurdo sublime".

Una mujer y su sari de seda se deslizan por un basurero. El aroma del sándalo y de la mogra, una especie de jazmín perfumado, se suma al olor del pescado podrido y a orines de los callejones.

 

La belleza del templo de Lingaraj de Bhubaneswar,

contrasta, minutos más tarde, con el cadáver de un búfalo devorado por perros escuálidos.

 

El progreso industrial –en palabras de Manoj Das-

ha propiciado la desaparición o degradación de la aldea, uno de los pilares de la cultura tradicional.

 

"La auténtica India vive

en sus cientos de miles de pueblecitos" afirmaba Gandhi, defensor de costumbres y usos de la India rural.

 

Sea lo que sea lo que está pasando

el resultado es una parodia de dudoso progreso:

 

la ciudad media india está asediada

por un conjunto de arrabales en busca de una ciudad, en ella se hacinan viviendas sin sanitarios, mercados y anuncios publicitarios.

 

¿Es ése el ideal vegetativo

que está convirtiendo a ese gran país  en un lugar estancado, basado en castas hereditarias, indolente, abocado a un ethos sensual y contemplativo?

 

¿Es ése ideal vegetativo distinto

del estilo de vida holgazana que Ortega y Gasset aplicó a la Andalucía de su tiempo o a la Extremadura actual?

 

No me ha gustado mi viaje a la India.

Espero que no se tomen a mal mis palabras ni andaluces ni indios, lo unos por epicúreo carácter y los otros por su estoicismo.

 

                     Johann R. Bach                                                                  

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