19 oct. 2013

Cada mañana iba al puente. Desde allí miraba al cielo...

LA NINFA DE LAS AGUAS

 

¡Qué Alegría!

¡Ella existe, realmente, de verdad existe!

 

Cada mañana iba al puente.

Desde allí miraba al cielo antes de que el sol despuntara. Sobre las aguas brillaba una imagen confusa porque el río era puro rápido.

 

Realmente aquella imagen difusa

no la sentía como algo despiadado que se instala en nosotros con tanta violencia que apaga nuestro indefenso fuego,

 

ni como un vértigo

que a la doble luz de la ironía nos trae una botella de vino y los zapatos que hacen bailar.

 

¡No, no! Lo que él sentía

era una tranquila, simple, inmotivada alegría,

 

una alegría entregada para siempre

y no la confiada por un instante,

 

la alegría del hombre

que está atravesando el puente

 

y ya nunca dejará de soñar…

 

Pero fue suficiente que allí,

a su lado, cayera una hoja seca abatida por el viento y el puente no pudo soportar el peso.

 

La alegría, como la salud,

pende de un hilo tan frágil que no es lógico esperar de ella un brillante futuro.

 

Y, sin embargo, existe …

la Ninfa de las Aguas ese cuerpo de mujer de enorme atractivo y encanto y que conserva su carácter alegre durante el paso de los años.

 

                                                         Johann R. Bach

 

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