14 oct. 2013

Qué pena que tú, Johann, seas un hombre tan, tan viejo, ...

MARTA Y JOHANN LOS VIEJOS AMIGOS

 

Tu amiga Marta Guillamon

es una excelente critica, la clase más rara de mujer. Es el azote de esos críticos tipo foca amaestrada que, incluso los mejores, me aburren por lo menos las mañanas.

 

Cuando en una ocasión le oí decir:

"dale a alguien un nombre prestigioso y ya está a medio camino de ser un imbécil" me dije a mí misma: "Esa mujer sabe lo que dice".

 

No sugiero que Marta no tenga prestigio,

pero toda su vida ha quedado prendida con pinzas de tender la ropa, y como en un limbo marítimo se ha quedado en esa feliz etapa en que la voz de una mujer es más importante que su nombre.

 

Nadie podría escribir

mejores introducciones que Marta. Casi todos los críticos sueñan con en hacer una buena aparición ante su público admirador. Marta Guillamon se ocupa de los libros que ha de editar y al diablo con todo lo demás.

 

No se expresó mal

sobre la dramaturgia en el poema que tú escribiste el otro día "Marta Guillamon ya no va al teatro". Por supuesto en  muchos aspectos de sus monólogos tiene razón, como casi siempre.

 

Es más difícil escribir teatro,

es un trabajo más duro, no tengo dudas de ello, aunque yo nunca lo he intentado siquiera.

 

El guión de una obra de teatro

puede exigir un uso más exhaustivo del talento, una tarea mejor hecha de detalles, un mejor oído para el habla de cierta clase de gente, pero en general, es mucho más superficial.

 

Toma Johann, cualquier obra teatral buena,

pero no grande, y ponla en forma de ficción y te quedará algo muy liviano…

 

Qué pena que tú, Johann,

seas un hombre tan, tan viejo, de setenta y siete años. Qué pena que muchas mujeres como yo sientan simpatía por ti. Es una mala época.

 

Sí sí, ya sé que tú dices que no eres viejo,

que sólo estás un poco gastado, pero si por lo menos fueras un hombre de mediana edad.

 

Los jóvenes te ven viejo e insípido,

los viejos saben que no eres viejo, que sólo tu piel está quemada y tus ojos brillan como púlsares en la noche, te tienen envidia, quisieran ver en ti a un gordo fatuo codicioso,

 

quisieran veros convertidos

a ti y a tu amiga Marta en una presa de banqueros y cobradores de impuestos y sin embargo ahí estáis tan frescos, escribiendo poemas y diciendo lo que os viene en gana sobre la pintura, la música o el teatro.

 

Es una mala época.

                                                                              Leo P. Hermes

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