16 oct. 2013

Los ácidos le debilitan y se irrita fácilmente con mi presencia

LA DAMA Y EL ALBAÑIL

 

Cuando Manuel lee

no comprende la belleza de las palabras porque la satisfacción que se siente con la lectura no está en las palabras mismas, sino en el trayecto que él debe salvar para llegar a ellas.

 

Mi Atlante no me reprocha lo que no soy,

ni puedo ser de ningún modo. En la primera lectura no entiende nada. El poema es para él un jeroglífico porque está acostumbrado a escribirlo todo en piedra.

 

El lenguaje que él domina  es el del gesto.

 

Sin palabras, por la mañana,

se mira la cara y hace movimientos de desaprobación al verse en el espejo, serio, grave. Hace una cierta sonrisa y el gesto da vida a su rostro.

 

Los ácidos le debilitan

y se irrita fácilmente con mi presencia, huye de ellos porque no quiere que nadie avinagre su ternura.

 

Sin su delicadeza

 el albañil de mi vida no sobreviviría.                         

                                                                      Johann R. Bach

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