4 sept. 2013

A ti no te apetece que el poema se rinda antes de tiempo

LA POESÍA DE RILKE

 

Lo que te llegó de él –La Pantera-

hace tiempo está pegado al imán de tu corazón y no lo sueltas:

 

"Los poemas no son sensaciones, son experiencias".

 

Lo que fue llegando después

tuvo que lidiar con intermediarios y sentiste el tirón de lo que se te acumulaba encima, hasta el punto de que tus cimientos, al menos en parte, amenazaban con venirse abajo de un momento a otro

 

ante tanta belleza escondida tras el sufrimiento.

 

La poesía para él -y ahora también para ti-,

entre otras cosas, era dialogar con la palabra libertad, era como escapar por la puerta trasera de la disciplina militar.

 

Pero nunca como en un poema

se percibe que las cosas se parecen a su nombre. De ahí empezaste a sospechar, tal vez, que en libertad las palabras tienden a caminar hacia aquello que nombran.

 

No todo lo que salía de su alma

te gustó, pero se lo perdonabas por ser humano. Entre las cosas que más te molestaron de su etapa sonetista fue esa soberbia de gran maestro que busca el jaque mate en catorce jugadas planificadas en cuartetos y tercetos encadenados.

 

A ti no te apetece que el poema se rinda

antes de tiempo, tirando su rey, a fin de arruinar ese gran final  que hace relamerse al autor sin darse cuenta que ha construido los barrotes con forjadas rimas y lo condena a ser prisionero de su talento.

 

Todo estaba a su alcance,

y sin embargo, se ahogaba en sus propios versos. Demasiado pronto olvidó Rilke aquel verso, lleno de amor, que le escribió a la Dama de sus Sueños –Lou Andreas Salomé-:

 

"sólo tú eres real"
                                                              Johann R. Bach

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