11 ago. 2013

Los ojos se te encendían cuando íbamos a tu roca preferida

  VERANOS DE BROMUM EN SÒLLER

Recuerdo que nos hablabas

de amores y de tristezas, de versos de poetas que en secreto admirabas.

 

Los ojos se te encendían

cuando íbamos a tu roca preferida; entonces no lo comprendímos, pero las historias que explicabas y que nos llenaban las tardes nunca supimos si eran imaginadas, leídas o vividas.

 

Eras una mujer de agua.

Frágil y tierna, tuyas eran las horas, tuyos los largos abrazos, tuyos los recuerdos del invierno y la sombra de una mirada triste cuando el poniente moría, y sé que

 

nos querías mucho más

de lo que creíamos, y que tu amor era como ahora son los corazones que te lloran en la distancia.

 

Ahora estás en otro mar, es cierto,

pero tu frescura sigue aquí entre estas rocas que tuvieron el privilegio de tu presencia, tus palabras como rosas sobre ellas, y tus pensamientos llenos de música.

 

Cuando llega el verano

nos preguntamos ¿dónde estás que ya no vuelves? Hemos decidido que cada año, mientras viva alguno de nosotros, tendrás tu poema y una rosa roja frente a la roca que fue como tu casa donde sanabas tus tristezas del invierno.

                                                                      Johann R. Bach

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