15 ago. 2013

EL ARTE SEGÚN MARTA

MARTA ESCRIBE UN ARTÍCULO

EN LA VANGUARDIA

 

Al girar la esquina de la Calle Mallorca

con el Passeig de Gracia me topé con Marta. Hubiera querido esquivarla, pero se me tiró al cuello y no pude huir. Me llenó la cara de besos. ¡Aguanta! –pensé-, aunque realmente hacía meses que no la veía.

 

No tenía prisa y decidí escuchar,

pacientemente, otro más de sus discursos.

 

Acabo de entregar a La Vanguardia

algunas de mis opiniones sobre arte y me han prometido que se publicarán el viernes. Aguántame cinco minutos y te cuento resumidamente en qué consisten.

 

"La obra de arte nace de tres fuentes

–comienza su discurso con el entusiasmo que le caracteriza y con un brillo diamantino en sus ojos-, de tres causas:

 

De la tradición que viene del fondo primordial y de las constantes adquisiciones hechas por hombres de talento que nos legan con el tiempo, sin pausa, la vida moral y pensante de la Humanidad entera, cuyo gran libro, escrito en letras vitales porque son de su sangre, está constantemente abierto ante nosotros en nuestros templo, sobre nuestras paredes, en cualquier obra de arte realmente sincera y sentida mediante la que reconocemos nuestra propia nobleza, nuestra grandeza.

 

"Respira Marta –le digo-,

toma un trago de la naranjada que aún no me voy.

 

De la realidad –continua-, dicho de otro modo, de la Naturaleza, que es un medio puro para expresar nuestro sentimiento y comunicarlo a nuestros semejantes, y fuera del cual nuestra propia ambición de crear permanece en un estado de sueño, de abstracción y, de alguna manera, de una simple palpitación que sin él no tiene ni siquiera un órgano perfecto para aparecer con fuerza, con plenitud, en toda la claridad y la pureza de su expresión suprema.

 

Estoy esperando ansioso el desenlace

–le interrumpo el monólogo-, porque algo interesante te reservas para el final o ¿no?

 

Finalmente –pienso que me alegra esa palabra-,

 

la obra de arte nace de nuestra propia invención personal, y la intuición original que combina todo, resume todo, que busca un sostén en el pasado y en la vida presente para dar un organismo nuevo a la obra contemporánea, un temperamento que se rejuvenece sin tregua mediante el desarrollo constante de la vida humana, cuyo progreso parece inevitable y modifica incesantemente los medios de expresar el arte.

 

Estoy asombrado Marta

–le digo esperando clemencia-, pero ella continua:

 

Estos tres modos del verbo,

del verbo eterno de la belleza, aparecen de forma plena y constante en las grandes épocas, cuando una civilización libremente expandida puede intentar elevarse hacia su verdad sin obstáculos. Ejemplo: Fidias, Leonardo da Vinci, individuos sagrados que han elevado el arte hacia alturas plásticas inaccesibles, tal vez perdidas para siempre y hacia las que se dirigen constantemente los grandes espíritus para amar, rezar y recogerse.

 

¿Todo eso va a salir en La Vanguardia del viernes?

Sí –contesta lacónicamente.

 

Una obra de arte sincera

–continua incansable Marta- sólo aparece en su hora; para ser bien entendida, necesita su momento: tal maestro ha realizado su obra demasiado pronto, este otro demasiado tarde; es raro que una gloria feliz crezca libremente alrededor del genio, sobre todo en nuestra época, en la que cada artista busca solitariamente su voz, sin otro iniciador de su sueño que él mismo.

 

Fin. ¿Cómo se te ha quedado el cuerpo?

–me pregunta casi jocosamente-

 

¿te gusta el fondo del artículo?

Pues, la verdad sí –le digo- aunque un poco largo ¿no?.

 

¡Uy! Las ocho y veinte; me voy que llego tarde

 

Me abraza y me llena otra vez la cara de besos. Por lo menos Marta –hay que reconocerlo- sabe premiar la paciencia. El viernes no me hará falta leer el artículo.

                                                                                       Johann R. Bach

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