15 ago. 2013

LAS TARDES DE UN ALFEREZ

  EL PALIMPSESTO DE SÓLLER                                          

 

¿Alguien puede imaginar a Marta G.

calificando de raro a aquel poeta o lo que fuera, que coincidió con ella en Sóller el mes pasado?

 

Al primer golpe de vista

aquel hombre de gruesas cejas, pelo abundante y extrañamente negro para su edad, de fuerte osamenta aunque algo delgado y sin arrugas en la frente, comparó a Marta Guillamón con un palimpsesto libidinoso.

 

Marta Guillamón,

sin saber qué cosa era eso de palimpsesto, se desternillaba de risa. Lo de libidinosa no era una novedad ni algo peyorativo, pero lo otro sólo podía hacerle estornudar carcajadas.

 

Cuando llegó a casa miró el diccionario

qué cosa era eso de un palimpsesto: se trata de un manuscrito antiguo en el que se ha raspado o borrado el texto para escribir de nuevo sobre él. Estuvo totalmente de acuerdo con aquel poeta:

 

Estaba dispuesta

a seguir siendo un manuscrito donde otros dedos escribieran sobre él; un manuscrito que recogiera cada rúbrica rodeada de blancas azucenas. Aquel poeta podría definirse como un snob introvertido, porque al día siguiente, "por si las moscas"  la rehuía.

 

En Sóller –según Margarida-

se conocía a aquel individuo como una persona divertida a veces, pero normalmente no se bañaba aunque cuando lo hacía iba directamente al spa y no a la playa pública.

 

Marta Guillamón dijo a Margarida

en multitud de ocasiones que las lunas de Cadaqués y Sóller eran su misma luna. Pero a la Costa Brava no llegaban turistas como aquel.

 

¿Acaso el cielo no es el mismo allí y aquí?

-le preguntaba Margarida- "La luna si es la misma, el cielo no. El brillo de los olivos tampoco –contestaba Marta.

 

No es el cielo enfurecido

–puntualizaba Marta G.- durante varios días, con la sequedad de la tramontana penetrando en las gargantas por las rendijas de los dientes;

 

en Sóller parece

que las blancas nubes, horizontales, casi detenidas, como naves helénicas con las velas desmanteladas, avanzan a golpe de remo bajo un sol ardiente.

 

¿No es el mismo sol

el de Cadaqués que el de Sóller? No. ¿Acaso no iluminan igual? En Sóller lo hace con dos horas de retraso cuando en la playa aún no hay nadie.

 

Color de otro cielo,

lluvia ajena al viento en Sóller, luz que Marta Guillamón no conoció en su infancia.

 

¡Ah esta vista que pregunta y pregunta!

Dime Margarida: ¿Has notado como la piel del mar aquí, como a veces en un espejo, nos amarillea el rostro?

 

¿O cómo este sol poniente de Sóller,

es como un ladrón que nos roba el maquillaje cada mañana? Mientras que por la tarde es tibio; en Cadaqués hace ya dos horas que se ha ocultado tras las montañas.

 

Dime Margarida, dime

si sientes que este mar, y sus rincones, no es nuestro. Aunque le llamemos Mare Nostrum no es nuestro, es de Homero…

 

¡Ay Marta!

Es lo mejor que he oído sobre este sitio.

                                                                                       Johann R. Bach      

……………………………………………………………………………………………………………….

Aquel jueves acudí puntualmente a dar la charla prometida. No fui vestido de paisano. Me presenté con mi uniforme de oficial, gorra de plato, con una Astra en el cinto y mi estrella de Alférez. Vi en los rostros de aquella cincuentena de pares de ojos limpios la sorpresa, el entusiasmo, el morbo y/o el interés.

 

Me gustó impresionarlos, aunque tampoco quería decepcionarles con miradas por encima del hombro o situadas desde lo alto de una escalera de caracol: me senté entre ellos, como uno más en una de las esquinas donde a modo de círculo de doble fila habían dispuesto las sillas.

 

"Mi nombre verdadero es Johann –comencé diciendo- y no soy más que un humilde alférez médico que he tenido la suerte de ser destinado a Palma, el más bonito de los paraísos".

 

"Para evitar problemas con las autoridades hemos de convenir a modo de medida de seguridad que estamos haciendo una charla sobre Juventud y Sexualidad. Es decir, la verdad es la mejor norma de seguridad".

 

"Son dos las razones por las que es mejor actuar con normalidad: la primera nos permitiría, en caso de ser interrogados, una declaración igual de cualquiera de los aquí presentes";

 

"la segunda, se refiere a la tranquilidad psicológica que da el saber que estamos realizando una actividad lógica, formativa e interesante para la juventud de estos tiempos en la que oímos demasiado frecuentemente de nuestros mayores hablar con paciencia sobre las dificultades económicas, de los jugadores del equipo de fútbol del Mallorca, de la fabricación en Manacor de perlas y zapatos como un buen matrimonio".

 

¿A quién puede molestar que un médico dé una charla sobre  anatomía y fisiología sexual?

 

"Una vez situadas en su contexto, las normas de seguridad, con la importancia que tienen bajo esta dictadura en que vivimos, hay que decir que no las repetiremos en las sucesivas reuniones", puesto que el método seguirá siendo el mismo.

 

"Isabel os habrá repartido, si no me equivoco copias del texto sobre el que vamos discutir y que es mejor que algún voluntario lea por si alguien de los aquí presentes no lo ha podido leer con anterioridad".

 

"Veamos… Trini… ¿Puedes hacer, por esta vez y sin que sirva de precedente, de lectora voluntaria?".

 

Trini enrojeció aún más que de costumbre debido a que el gas Amylium nitrosum se le subió a la cara como a tantas y tantas personas tímidas, pero hizo un esfuerzo y comenzó a leer en voz alta el texto objeto de la charla.

 

 

  TEXTO DE REFERENCIA SOBRE LA SEXUALIDAD

 "Manuel conoció las consecuencias de la persecución social y política mucho antes que el sexo.

 

En efecto, corría el año 1.95… cuando su padre fue detenido por la Guardia Civil en un hotel de A Coruña. Su nombre figuraba aún en las listas de fichados como partidarios de la República. En la celda, para evitar problemas, se comió las últimas fotos que guardaba como recuerdo de una época que no quería olvidar.

 

Siete años después de esos sucesos, Manuel trabó amistad con una chica estudiante aún de bachillerato y con ella paseaba todas las tardes de los sábados. Entraban en alguna cafetería a tomar algo y conversaban sin descanso.

 

Una de aquellas tardes, ya de regreso a casa de ella, se sentaron en un banco de la Plaça de la Sagrada Familia. Un lugar simbólico, sin duda.

 

Nunca, ni en su casa ni en la de ella, se había abordado con honestidad el tema, aunque los dos eran conscientes de que, durante un tiempo, convivieron con la pasión sexual de sus padres, todos ellos separados y "juntados" con segundas parejas, algo así como la resurrección de una vieja llama, largo tiempo apagada.

 

Es decir, que sus casas eran pequeñas; y, que ciertos ruidos no se podían evitar. Resultado: un silencio blanco y deslumbrante; y, aunque algunos de los compañeros de los institutos hablaban de ello sin tapujos, mencionando a sus padres, a sus hermanos mayores e incluso, en algún caso, a sí mismos, lo cierto es que cuando Manuel tuvo su iniciación sexual en la oscuridad de aquel banco de la Plaça de la Sagrada Familia, era como una página sobre la que nada estaba escrito. 

 

Ella era muy religiosa y sus ideas sobre la moral y el sexo eran muy rígidas, pero a pesar de sujetar la mano de Manuel que se introducía entre sus piernas no pudo evitar que sus dedos penetrasen hasta alcanzar el monte de Venus.

 

Palpando primero esa almohadilla grasa protectora del pubis y deslizándose después entre lo que se asemejaba a una boca cuyos labios se llenaban de saliva, Manuel topó con una especie de botón duro y a la vez carnoso que desató los primeros suspiros sentidos en su propia boca.

 

Después de ese éxtasis, su ya novia desde aquel momento le dijo una cosa muy curiosa: "no me ha gustado que descubrieras ese punto porque a partir de ahora cederé cada vez que lo intentes".

 

A los dos días la chica, asustada, le dijo que le había salido un bulto como un huevo de paloma en uno de sus labios genitales. Los dos acudieron a una consulta médica casi clandestinamente, sin que los padres lo supieran.

 

El diagnóstico era sencillo: se trataba de una bartolinitis aguda por infección. El facultativo que la examinó le recetó polvos bóricos para baños de asiento con agua de tomillo tibia. Tres días después el bulto aquel desapareció. Evidentemente en una persona tan joven se descartaba de momento una marsupialización

……………………………………………………………………………………………………………….

 

 

Después de que Trini leyera en voz alta el texto que todos habían leído, no hubo ninguna dificultad en comentar tanto una parte de la anatomía genital femenina como otras consideraciones del propio relato.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario