6 dic. 2013

Nada triste esta mañana entre tierra y cielo

LA VIDA:

BELLEZA AL ALCANCE DE LA MANO

 

Tal vez el diablo atraviesa los muros,

sube por los ascensores, aguarda tras los semáforos, espera con paciencia la finalización de las Ferias de Santa Lucía.

 

Tal vez esté tras las ventanas,

sin atreverse siquiera a molestar o no le queden fuerzas para penetrar por las puertas cerradas y protegidas con ramitas de muérdago blanco.

 

Entretanto miramos

cómo se descompone la luz a través de los cristales de colores de la sala.

 

Nada triste esta mañana entre tierra y cielo.

 

No han llegado aún los periódicos;

cargados con su veneno esperan amontonados en los hangares de las imprentas a que los empleados coman sus últimos turrones del año.

 

Todo transcurre

como si en todo tiempo viviera todo en la misma belleza. ¡Qué sorpresa si el hombre con el paso de los años arrancara una respuesta –es una quimera- de los potentes ordenadores!

 

Sería como inventar la sopa de ajo:

¡Dios existe!

 

Y si lo dicen los "científicos" y la televisión…

 

Pero en lugar de asombrarse,

el vértigo del dinero ciega y salta ese abismo…

 

Y, sin embargo, la belleza ahí está.

Al alcance de la mano, invadiendo el aire, llenando los pulmones de pechos en los que el corazón late con fuerza.

 

¡Qué suerte tener ojos

para leer la poesía de la vida! ¡Qué suerte oír cómo la música de los árboles y los pájaros nos invita a la danza del mundo!

 

                                                                         Johann R. Bach

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