2 dic. 2013

"Todo lo grande que conocemos nos viene de los nerviosos.

LA NAVIDAD DE LA ASTRONAUTA

 

Me he despertado angustiada

después de una noche llena de sueños desagradables y fantasías voluptuosas imposibles de llevar a cabo en las noches artificiales de esta Navidad.

 

Todo me indica

hasta qué punto no acepto de buen grado enfrentarme a la realidad del medio. Sí sí, todos me dicen que no se puede esperar nada mejor en esta jaula de titanio.

 

Sólo me consuela pensar

en el material literario que puedo obtener de estas veleidades de mi cerebro excitadas por cientos de poemas. (Desde esta altura puedo ver ese pequeño continente de Europa y lamentar el menosprecio que siente por la poesía).

 

Lamento también

que este millar de lucecitas piloto de colores que se confunden con esta permanente noche constelada me dé la sensación de pérdida de energía de la imaginación.

 

Me veo obligada a cerrar los ojos

y respirar hondo para dominar mi nerviosismo. Haciéndolo la tensión se atenúa. Pienso en una de las frases favoritas del Dr. Tresar: "Debería usted tener sueños y deseos amorosos. Quizá le asusten, pero

 

¡no les tema! ¡Son su mejor patrimonio, créame!

 

Yo he perdido muchos años

por haberme empeñado en yugular tales sueños, cuando tenía su edad. No es bueno tal cosa.

 

No debemos temer

ni creer ilícito nada de lo que nuestra alma desea de nosotros".

 

Me gustaría que la eterna noche

de esta nave fuera singularmente serena como la Navidad de esos pequeños pueblos diseminados entre la nieve.

 

Temo que mis angustias no se adormezcan

amodorradas por las palabras de taciturnos poetas. Las causas de los traumas que tejen mi neurosis son adornadas por el humo azul que ecita espiritualmente mi alma.

 

Hay una extraña luminosidad,

como de ala de mariposa, que se adhiere finalmente a mi sensibilidad y me pide calma. Evoco las situaciones diurnas casi olvidadas.

 

¡Ah, ahora que comienzo a amar

las noches consteladas, añoro los días de primavera! Y también las noches de invierno enmantadas por la niebla desconcertada.

 

Todos parecen estar contentos

de observar la esfera celeste llena de astros con luz propia, pero mis pies no están sujetos como en una ciudad a la orilla del mar.

 

Yo veo que esta oscura noche

tiene rostro de bailarina que muere en escena.

 

Aun retumban en mis sienes

las palabras del Dr. Tresor: "Aguante usted el ser calificada de nerviosa. Pertenece a esa familia magnífica y lamentable que es la sal de la tierra".

 

"Todo lo grande que conocemos

nos viene de los nerviosos. Ellos y no otros son quienes construyen pesebres y cantan en Navidad".

 

"Jamás sabrá el mundo

todo lo que se les debe, y sobre todo lo que han sufrido ellos para dárselo.

Créame  no se culpabilice pensando en qué hizo mal, sobre todo en Navidad".

                                              Johann R. Bach

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