30 nov. 2013

¡Sigue así Iosune! Sonriente y divertida hasta tu último latido

    LA SONRISA DE IOSUNE

 

¿Cómo podrías tú, Iosune, olvidar

aquellas tardes en que una inexplicable sonrisa ondeaba en el aire? Ya no eres la misma, es cierto, pero quizá aún floten sobre tu cabeza algunos sentimientos vividos en aquellos atardeceres, en la hierba que rodeaba el caserío,

 

cuando inclinada sobre tu cuaderno de caligrafía,

medías la inutilidad de los acontecimientos que de forma machacona salían como escupidos cada hora de la radio,

 

quizá también mediste la inutilidad

de tu propia letra redondilla, -sin por eso dejar de escribir- mientras  el rumor y el reflejo de unos pasos de dos grandes pies te llenaban las manos y los ojos de un sudor nervioso y tímido:

 

un muchacho vecino rondaba por allí descalzo.

 

¿te acuerdas Iosune?

Ayudaba a menudo en las tareas domésticas y tú no osabas alzar los ojos, te bastaba la imagen de aquellos pies desnudos y la carretilla cargada de leña.

 

Mientras el sol se derrumbaba

y el aire fresco invadía todos los rincones sentías cómo cada día te dejaba algo para la noche aunque, a veces, te costaba conciliar el sueño si no había ocurrido nada hermoso que contraponer al acecho de la oscuridad.

 

Sin embargo, el cielo del crepúsculo

ponía siempre a tu disposición – aquellas estatuas colocadas al bode del camino intactas ellas también, desnudas, sin laureles, iluminadas de forma diferente cada día (que no era poco).

 

De ahí que tus plegarias antes de dormir,

y el buen sueño, y el bello despertar dieron sentido a tu respirar y a tu sonrisa esa impronta de lo mejor de tu vida.

 

¡Sigue así Iosune! Sonriente y divertida

hasta tu último latido.

                                                                             Johann R. Bach

 

 

 

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