27 nov. 2013

Atraviesan el aire (los copos) deambulando de un lugar a otro

LAS PRIMERAS NIEVES

 

No es una maravilla

(parece decir la música de la Radio Limoges jazz / Swing FM en directo  es.delicast.com)

la forma en que los copos de nieve sobreviven, con su pléyade de vespertinos diseños congelados, a los días fríos que siguen a las primeras nieves.

 

Atraviesan el aire

deambulando de un lugar a otro como si escogieran el rincón donde caer.
 

Detienen el aire, absorben momentáneamente el frío e inoculan en nuestros espíritus una cierta tristeza que no es tristeza.

 

Mi sabueso levanta la cabeza

y juega a comer los grandes copos de nieve, salta, corre, sube al sofá, vuelve a salir a la terraza, se revuelca en el incipiente manto blanco. Algo dentro de sus genes se renueva.

 

Las plantas del jardín

se enderezan como asombradas y esperan. Del frío invierno la nieve les indica que no anda lejos un dios de sangre caliente y ruegan una segunda señal para florecer cada una según su estado de ánimo.

 

Desde mi posición privilegiada

observo al chucho y los delicados tallos desnudos y vuelvo a soñar en días luminosos –que se harán realidad- como los de las postales que acaben por derretir el frío impacto sobre mi jardín.

 

Todo sucede según la obviedad de la vida:

un anuncio balbuciente aunque implacable, blanco como el manto de algodón de una cantante de jazz que nos envía a través de la radio una tímida sonrisa agradecida y pálida como una perla.

 

Oigo la música de mi radio preferida,

escribo, de vez en cuando miro como cae la nieve a través de los cristales, sueño e inspiro fuertemente el aire de la vida.
 
                                                                    Johann R. Bach

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