24 nov. 2013

RESPUESTA A UNA LECTORA

SOBRE LOS HOMBRES DE MI VIDA

 

He comprado tu poemario

YO, MARTA GUILLAMON Y LOS HOMBRES DE MI VIDA y me ha encantado.

 

Nunca esperé

que tu respuesta a mi afirmación de que "todos los hombres son iguales, conocido uno ya los has visto a todos" fuese tan contundente.

 

Me has convencido

con tus numerados arquetipos de hombre. Dices que esos veintitrés que describes no son más que la punta del iceberg y que poco a poco irás dibujando otros. Los espero.

 

Sólo una cuestión

ha quedado flotando en el aire de mi estudio, originándome una curiosidad tan fuerte que me ha decidido a preguntarte si todo eso que escribes forma parte de un plan o de un hilo de plata que lo hilvane todo.

 

                                                     Buenos Aires a 24 de noviembre de 2013

                                                                         Cristina T. Narváez

 

RESPUESTA

Gracias amiga mía por esa observación aunque no sé si seré capaz de contestar a eso que, por otra parte "parece" casi todo.

 

En primer lugar

mis poemas se producen en un espacio que sufre multitud de invasiones: ideas, experiencias, visiones o sueños, cartas de amigos, noticias, etc.

 

¿Qué lugar es ése,

semejante a los del sueño en que no es el de la vida real? Es un topos (lugar) como un cielo de estratos, no de profundidad o de alta densidad, sino de coloración, de presencia de ciertas afecciones.

 

Es un paisaje

en el que los poetas ya lo ha advertido reiteradamente con un pensamiento aceptable (más que aceptado) por todos:

 

"duerma y descanse el hombre,

beba su vino en paz, cante y olvide, que todos tenemos también nuestro rincón de miseria, para amodorrarnos".

 

Los poemas,

aun si brotan de la imagen más etérea, con más luz -visibles- o nocturnos –más opacos-, bucean y avanzan como un pez hacia un espacio propio y silencioso –lo visible y su luz están también allí.

 

De los mecanismos lingüísticos

prefiero la espontaneidad.

 

Con el que mejor me identifico

como propio es, en un sentido amplio, el de la yuxtaposición. Es el tropo del cine y de la vida: ella, su amor, en ignorado paisaje.

 

La extrañeza y el sentido

proceden de ese trabajo de montaje que nuestra percepción realiza de forma natural.

 

La metáfora –en mi caso-,

en cambio, es algo que en lo que escribo me cuesta reconocer aunque su impacto es mayor en tanto en cuanto se aleje más de la realidad.

 

En ese sentido, considero mis escritos

como de un moderado surrealismo, no literal. El brillo o la fulguración sombría (en muchos casos cargada de optimismo) de una metáfora pasan en todo caso por esa no literalidad.

 

Por último las imágenes adheridas

a los hombros de mis poemas acompañan de forma alegórica, evidente o subterráneamente familiares o afines suponen una apertura de los modos del oficio.

 

Es la presencia de lo morboso

junto a lo conceptual, la dosificación de lo secamente conceptual y de lo húmeda o humoralmente corporal: los humores del cuerpo –lágrimas, sudor, etc.-, y el recorte, el tacto de la vista o pensamiento.

 

Un saludo amiga mía

Lamento no saber explicarme mejor.

 

                                            Barcelona a 24 de noviembre de 2013

                                                                  Marta Guillamon

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