31 jul. 2013

Quizá haya una isla -no lo sabes- en los mares del sur

NUESTRO PARAÍSO PERDIDO

 

Hay una vela

que el viento ha apagado y una taberna de donde surge un embriagado a media tarde;

 

también hay una parra quemada

y negra con agujeros llenos de arañas mientras que dentro de la casa se ha blanqueado con leche una habitación.

 

Quizá haya una isla –no lo sabes-

en los mares del sur para recibir a Febus dios del sol, pero a lo lejos se oye un ruido de sables y tambores.

 

Los hombres, nerviosos,

interpretan danzas de guerra y la mujeres mueven las caderas entre lianas y flores de fuego al compás del mar que canta.

 

¡Oh nuestro paraíso perdido!

 

Las ninfas han dejado los bosques sagrados

y se les culpa de ello a los extranjeros. La lluvia centelleante ha empezado y se espera que sus aguas sacien la sed de las setas.

 

Las niñas se reúnen

en el patio de la escuela con vestiditos de una pobreza que rompe el corazón. A pesar de ello aún cantan a coro con alegría.

 

Las sombras se abrazan

ante un espejo ciego y tras los cristales de las ventanas del hospital los convalecientes aprovechan las últimas calorías del aire calentado por los radiadores.

 

Un barco cargado de alimentos

que pretendía llevar ayuda a miles de personas cargados a su vez de epidemias sangrantes ha sido tiroteado y asaltado con el resultado de una decena de marineros muertos en la "escaramuza".

 

¡Oh nuestro paraíso perdido!

 

Las hermanas extranjeras

reaparecen en las pesadillas de los gobernantes como un presagio; agachadas bajo los avellanos, juegan con las estrellas de los que sueñan.  
                                                      Johann R. Bach

1 comentario:

  1. Qué hermoso!! pues, lo triste y doloroso se ve dentro de lo bello, se ve teñido de color bueno.¡me regustó!!

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