15 jun. 2013

Cogidos de la cuerda alcanzaron la orilla

    EL BESO DE CADA DÍA

 

  • Agresividad y crueldad en la Cuarta Edad

HYOSCIAMUS 

  • Excitación sexual en la tercera edad

AMBRA GRISEA

  • Descenso de los testículos en casos de retraso en la pubertad

DAMIANA

 

En tan sólo diez años he pasado de una injusta, aunque corta, estancia en la cárcel a colaborar como perito judicial en asuntos de menores y si alguien fuera capaz de leer mis pensamientos podría creer que soy una especie de rehabilitada social.

Realmente creo que he llegado siempre a todas partes y que la rehabilitación no es más que un cambio en la estrategia del comportamiento de un individuo: a veces es posible la adaptación a un escenario distinto del habitual y a veces se llega tarde, como en mi caso, a todo cambio. Aunque a menudo no sea demasiado tarde.

Me han encargado la tutela temporal de un muchacho de 11 años mientras el juzgado decide qué hace con su padre de 83 años que en un ataque de locura le propinó una paliza a su hijo por haber ayudado a salir del rio a una familia que había caído por accidente en sus aguas, poco profundas pero sobre unos rápidos peligrosos.

En efecto el muchacho iba a paso rápido hacia la escuela cuando oyó unos gritos de socorro de tres personas atrapadas en mitad del rio. Sin pensarlo dos veces Diego ató a un árbol una cuerda que se hallaba en el interior de una chalupa, se lanzó en su auxilio atravesando el rio que en algunos momentos el agua le llegaba al cubrir el pecho. Llegó hasta el automóvil donde se hallaban un matrimonio de edad avanzada y un chica de unos 12 años. Cogidos de la cuerda alcanzaron la orilla.

Cuando Diego llegó mojado a su casa el padre la emprendió a golpes con él. El muchacho logró escapar a su ira y acudió a un puesto de socorro de la Cruz Roja que había en la carretera no lejos de la casa en que vivían él y su padre. No era la primera vez que el muchacho salía a pedir socorro con señales de maltrato físico (y psicológico).

Pero esta vez el Juez de Guardia se tomó muy en serio el asunto: Se había propuesto tomar a Diego bajo su tutela e inhabilitar a su padre para ejercer la patria potestad y/o según se instruyera el expediente, enviarlo a una institución siquiátrica. 

Mi primera idea era suponer que el padre de Diego podría haber actuado bajo los efectos del alcohol lo cual complicaba las cosas porque el estar ebrio es uno de los atenuantes de la eximente incompleta. Luego fui pensando que no era el caso: algo en el cerebro de ese hombre le inducía a querer ser un héroe de novela o a competir con el héroe de la misma (su hijo) aunque no tuviera buena imagen:

en el fondo de su memoria sentía nostalgia por los tiempos (los de su juventud) en que los tipos duros de las novelas podían beber, ir sin afeitar durante varios días y tratar mal a mujeres y niños con la intención de "educarlos". Pero eso ahora ya no es posible en las sociedades avanzadas.

Entro en el hospital infantil, encuentro a Diego jugando al ajedrez con un muchacho bastante mayor que él, le pongo la mano en el hombro y le invito a seguir jugando mientras voy a la cantina a desayunar.  Y para dar la sensación de que no hay prisa, de que todo forma parte de una rutina "natural" en la que todo es susceptible de replanteo, que no hay nada que sea irremediable. Después de cumplir sesenta años la vida me cambió radicalmente Un niño hizo el milagro…

Leo en la habitación destinada a la acogida de Diego mientras espero que lo trasladen a este nuevo hogar preparado para una vida distinta de la que hasta ahora ha sufrido Diego. Oigo voces que penetran por la ventana de los futuros cuidadores. Son voces algo nerviosas que esperan alegremente la llegada de un  personaje importante.

Realmente Diego ya se ha ganado por si solo esa calificación. Se trata de un matrimonio (de 45 años él y 42 años ella) que ha sido seleccionado para ser la familia de acogida de Diego, en principio provisionalmente, pero quizá con el paso del tiempo pueda convertirse en su familia definitiva.

La habitación es amplia con unos muebles demasiado clásicos para mi gusto pero el color de la mesa de roble aparece como la pieza fundamental con un ordenador ya preparado, con tres libros descuidadamente abandonados junto a una jarra de cerveza que contiene varios lápices; un par de sillas y un antiguo foco flexo casi esconden la cama medio oculta por un biombo. Junto a la ventana crecen dos plantas cuyo verde compite con el del jardín. Se observa en cortinas y plantas la mano femenina.

El niño se retrasa. Leo un poema recogido en el Manual de la Soledad que me ayuda a esperar.

 

 

En esa cesta hay uvas esenciales,

cerezas infantiles, húmedas fresas que prometen bosques, ese sabor a verde ciruela del verano que sigilosamente se cuela en la garganta de una mujer, frente a un niño, inmasticable…        

                       

                                                            "El beso de cada día"   Johann R. Bach

 

Me despido de Diego y sus nuevos cuidadores anotando en mi memoria el resultado de la exploración: Diego es un muchacho de apariencia normal aunque algo más maduro de lo que correspondería para su edad.

 

En la exploración he detectado una inflamación de los pezones lógica por su incipiente producción hormonal, pero al explorar el aparato genital se observa que los testículos han bajado completamente por lo que podemos calificar a Diego como un niño precoz al margen de su fuerte erección en el momento del tacto del escroto. Asombrosamente me ha excitado al notar como su miembro viril crecía al roce de mi mano. ¡A mis setenta años! 

                                                                             Johann R. Bach

 

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