14 jun. 2013

Calienta Febus a los cuerpos desnudos

EL SOL NOS MIRA DE REOJO

 

Desde el mismo centro

de nuestro sistema planetario, como un verdadero dios el sol mira de reojo cómo se besan seres extraviados y como se buscan entre montañas y valles como una libertad sin alas.

 

Calienta Febus

a los cuerpos desnudos tendidos sobre la arena de las playas y con su fuego como un rumor ronco y lejano flotando en el viento extiende sus llamas sobre bosques de coníferas provocando el estallido de las vainas de los frutos de carballos atlánticos.

 

Evita con su sonrisa

el raquitismo de los niños que construyen plácidamente sus castillos de arena en las playas, dorando su piel como la de los dioses.

 

Evapora las aguas de los mares

y levanta los vientos de la naturaleza porque a ella no le importan ni el odio ni el amor mientras que las montañas siguen sin llorar ni dar gritos y la flor de árnica sigue naciendo, contra fríos y nieves  más allá de lo humano.

 

Viaja hacia el Ápex

a la endemoniada velocidad de 14 kilómetros por segundo y nosotros le seguimos en su locura sin otra razón que la querer seguir amando.

 

                                                                                           Johann R. Bach

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