31 may. 2013

Jugaban un rato conmigo y pronto me olvidaban

      ERA LA MÁS PEQUEÑA

 

 

Era la más pequeña

de los hermanos, la última. No me decían nada; dejaban que jugara con la arena sobre mis tobillos; era una niña callada, y además más chica que los demás.

 

Jugaban un rato conmigo

y pronto me olvidaban.

 

Pasaban gritando, sofocados,

enormes, riéndose de todo; casi nunca reparaban en mí. Un muchachote daba un puntapié a una pelota de trapo mientras sujetaba a mi hermana

por la trenza, única y bella.

 

Yo sentía ganas de llorar, pero

viendo su sonrisa, yo también reía.

 

Todos se afanaban en sus brincos,

lucían sus habilidades y voceaban. La masa inmensa de los muchachos,

agolpada, rojiza aumentaba mis latidos, y pálidamente yo los miraba me levantaba y caminando sobre la arena metía diminuta mis pequeños pies en el agua.

 

El balón iba de un lado a otro

seguido por mis ojos sin tocarlo. Me retiraba a sentarme en un rincón

sobre la arena impotente, admirando y temiendo las correrías.

 

Un chico enorme, exhausto, se sentaba

de vez en cuando a mi lado para descansar, me sentaba sobre sus piernas. Su sudor me llenaba de gozo mientras me cogía las manos y sus brazos me rodeaban suavemente. Me gustaba su olor.

 

Era la primera persona que me prestaba

unos minutos de atención.

 

                                                                                                 Johann R. Bach

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