26 may. 2013

Después del verano, apenas cumplidos los catorce años

  ALEJÁNDOSE DE LA PUBERTAD

             La menarquia

              SEPIA C15

             El dolor abdominal

              COLOCYNTHIS C15 

 

Después del verano,

apenas cumplidos los catorce años, al volver a la escuela me llevé una sorpresa: todas las chicas de mi edad habían crecido hasta sobrepasar mi estatura, sus pechos se mostraban exuberantes y sus rostros se habían vuelto grasos.

 

Todas explicaban sus aventuras

veraniegas y sus andanzas por países y lugares exóticos. Yo, pobre de mí, me había quedado en casa, leyendo o paseando por las orillas del puerto de Treptower Park o de Alt Stralau.

 

La menstruación quería abrirse paso

en mí bajo vientre, pero no acababa de lograrlo: apenas había tenido dos reglas de forma irregular; los riñones me dolían a menudo, y sólo sentía alivio estando sentada con las piernas cruzadas o caminando apresuradamente.

 

Una de aquellas tardes de agosto

fui caminando desde Schöneweide hasta Dammweg. Pasé por debajo del puente del S-bahn y me encontré mal. Tenía un dolor agudo en el bajo vientre que, al parecer, era debido a que la regla quería bajar.

 

Dudé un rato sobre que debía hacer.

El dolor abdominal me impedía pensar con claridad: por un lado deseaba estar sola sin que nadie me molestara mientras que, por otro lado necesitaba que alguien me ayudara.  

 

Me decidí ir a casa del profesor

de Matemáticas que aunque ya no lo tenía de profesor nos habíamos encontrado algunas veces en el Bistro. Al abrir la puerta debió notar la palidez de mi cara y la mortecina caída de mis párpados. Me invitó a pasar y se ofreció a prepararme una manzanilla (un té kamille), que me alivió algo.

 

Yo estaba aturdida

y no deseaba hablar ni escuchar a nadie a pesar de que reconocía que aquella persona se esforzaba por ayudarme. 

 

Me acompañó con suavidad

hasta una habitación donde me acomodó en un sillón, puso música de vals, encendió todas las luces que pudo y puso un libro entre mis manos, - Trata de leer un poco me dijo. Estaré en la habitación contigua por si me necesitas.

 

Poco a poco

me fui poniendo bien. Al final de la tarde volví a ser feliz...

                                                                                                              Elisa R. Bach

 

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