27 jun. 2013

Era un viejo agotado, encorvado

   BENDITO CORNEZUELO DE CENTENO

     

 

Aburrida, saliste al balcón.

Dejaste por un momento de escribir y te distraías viendo pasar a la gente por la calle con cierta premura. Tu cabeza necesitaba aire fresco.

 

El aire húmedo barría

las plantas de todos los balcones; el piso adoquinado de la plaza presentaba un brillo presuntamente resbaladizo.

 

De una fina lluvia que no origina charcos

surgió de pronto una figura que se movía lentamente buscando algo de cobijo al pasar bajo los cuerpos salientes de los balcones:

 

era un viejo agotado, encorvado,

vencido por los excesos y los años el que avanzaba con pie lento y se detenía cada nueve o diez pasos.

 

Al parecer los calambres hacían mella,

intermitentemente, en la escasa musculatura de sus gemelos. El frío era, sorprendentemente, su aliado: en pocos segundos el dolor desaparecía y se animaba a seguir caminando.

 

La arteritis invalidante

propia de una mala circulación venosa le llevaba a la auténtica claudicación.

 

Sin embargo, cuando entró en su casa

para esconder allí su ancianidad y su miseria, quizá tomase su dosis de Cornezuelo de centeno y probablemente pensase en todo lo que aún comparte con él la juventud.

 

Algunos jóvenes del barrio

acostumbrados a su presencia y por un vago sentimiento de humanidad se apiadan de él y recitan de vez en cuando sus versos.

 

Las imágenes por él creadas

ahora encienden sus ojos. Sus sanos y voluptuosos espíritus, sus cuerpos hermosos y firmes aún se conmueven con la expresión que él diera a la belleza con alucinaciones o sin ellas.

   

Al igual que El Bosco quizá sufra

padecimientos parecidos a la llamada "fiebre de San Antonio" (ergotismo) o "fuego del infierno".

 

Es posible que sufra alucinaciones

eróticas parecidas a las de las Brujas de Salem impelidas a un aumento sin límites de su libido causado

 

por comer pan de centeno

elaborado a partir del cereal contaminado con el LSD natural (el ácido lisérgico del hongo llamado cornezuelo del centeno).

 

En verano –suele explicar el viejo vecino-

busco en el Camino de Santiago retrasar el endurecimiento de mis vasos sanguíneos:

 

el ergotismo gangrenoso cede

al caminar temprano y con la ingesta del pan amasado en el antiguo convento de San Antón en Castrojeriz, (un edificio que llevaba cerrado 100 años, convertido en un albergue de peregrinos).

 

Hacía frío en el balcón

y detuviste tus pensamientos. La fina lluvia sobre tu rostro te había devuelto a la cordura después de haber visto durante un instante tan sólo, tus sueños, tus recuerdos, la rediviva imagen del placer.

 

Sin duda tú también necesitabas

una dosis de Secale cornutum 

 

                                                                                 Johann R. Bach

 

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