CREER EN LOS SUEÑOS
Hace ya muchos años que sé
que los continentes de tierra están flotando sobre un magma líquido y que
las estrellas son
pequeños recortes de papel plata -hechos por algunas tijeras gigantes-, colgados allí donde estuvieron realmente.
Según me dicen los ojos,
la luna es una lágrima helada y la profunda voz del Universo no llega a mis oídos más que en sueños.
Lo más probable es que yo no sea nadie.
Es verdad que tengo un cuerpo y que, de momento, no puedo escaparme de él.
Sólo volando con mi pensamiento
puedo ver lo que está escrito en la pizarra del destino: yo estoy clavado allí con una chincheta gritando para llamar la atención sobre mi problema.
Dentro de mí hay un animal
que me desgarra los pulmones aunque por suerte no alcanza el corazón y así no pierdo la esperanza de que suceda lo casi imposible:
expulsarlo de mis entrañas
y ocuparme de mis cosas: cocer castañas, abrir, leer y cerrar libros, cepillarme los dientes –aunque no sean los míos-, calzar mis botines suecos…
rezar cada vez que lo necesite
para disminuir mi dolor y soñar.
¿Pero quién soy yo para creer en los sueños?
Quizá yo sea muy poca cosa
para gozar del privilegio de los sueños, pero una vez tuve un sueño que tal vez fue un sueño.
Johann R. Bach
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