11 dic. 2013

Ella. Sólo ella pudo poner un pétalo rojo de una rosa entre las páginas de un libro

   UN PÉTALO ENTRE LA HOJAS DE UN LIBRO

 

Buscando Viaje por mar con Don Quijote

de Thomas Mann, compré un libro de segunda mano.

 

Se trataba de El Pispa1

de Ed McBain traducido por Ramón Folch i Camarasa.

 

El libro tenía las hojas envejecidas,

coloreadas como la carne, enmohecidas y rasposas como las migas de Granada.

 

Empecé a ojearlo en casa

cuando de repente apareció un rojo pétalo seco de rosa entre sus páginas.

 

Ese pétalo me dio qué pensar.

 

Miré el año de la edición: 1964.

Pensé que en aquel otoño las hojas de los árboles habrían amarilleado como de costumbre hasta alcanzar el ocre de los bosques caducifolios.

 

Los arces de los jardines

se habrían vuelto rojos y los niños se mostraban algo optimistas derrochando horas y horas en el cultivo de los gusanos de seda.

 

Me preguntaba cuál de mis amigas

podría haber colocado un pétalo de rosa entre las páginas a modo de punto (los amigos quedaban, naturalmente, descartados):

 

Carmina, alta como un palo,

siempre dispuesta a la broma, reía, pero el amor parecía no contar entre sus proyectos.

 

La Juani, hablaba continuamente del matrimonio

y sobre la dificultad de encontrar un buen partido. Así que también quedaba descartada.

 

Mari Luz, poco habladora, no era tímida,

sino simplemente que no sabía que decir y aunque su personalidad parecía un misterio sus actos corroboraban su deseo de no meterse en líos, por lo que dudo que ella pusiera algo de amor en los libros.

 

La Neus hablaba a menudo de negocios

como si proviniera de una familia de industriales. Sus padres tenían un bar y vivían una vida totalmente despreocupados de los problemas de la hija. Tuvo decenas de novios, pero se reía del amor romántico.

 

A Maricarmen le encantaba organizar

excursiones y fiestas particulares y se mostraba dispuesta a apoyar cualquier iniciativa. Lo técnico era lo suyo y por ello también la descarto como autora de un acto delicado.

 

Me queda solamente Josefina…

De ella conservo una postal que me envió desde La Rochelle. En ella me puso unas líneas que mostraba tristeza:

 

¿Cómo debo poner el alma,

para que no roce la tuya?

 

Ella. Sólo ella pudo poner un pétalo rojo

de una rosa entre las páginas de un libro.
 

                                                               Johann R. Bach

 

1.        Pispa: forma popular para denominar a un ladrón de poca monta.

 

 

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