2 nov. 2013

Confiesa cuál es tu herida

     EL SUEÑO DE PLATINA

 

Eres mucho más

que un sueño en otro sueño; como un día y un sonido deseas tener bordes; y se te escapa, por las manos, como una solución extraña en una raíz cuadrada,

 

para encontrar la inmensa libertad,

y ellas se lo permiten, con tristeza. En ese sueño de segundo grado, suena la luz, de tu árbol en la copa, haciéndote las cosas polícromas y vanas;

 

sólo te encontrarán cuando se extinga el día.

 

La tarde, la ternura del espacio,

apoya sus mil manos en mil cimas y lo extraño, bajo ellas es piadoso. Junto a ti quieres retener el mundo así, con estos gestos tan suaves como tocando las estrellas de la noche.

 

Pero, de momento, este sol

que te ilumina el corazón con rayos de platino mientras te forjas con la idea de un hombre más alto, más sabio y más rico;

 

este sol de la tarde

que obliga, entre los altos cerros, a refugiarse al hombre generoso que nunca quiso ser un tigre enjaulado en el corazón de una Amantis religiosa

 

hace soñar a Platina

con un hombre de mundo, alguien parecido a un Apolo; y que humillando a todos los candidatos hace imposible alcanzar su amor.

 

Todo lo que brilla

le llama su atención: Iridio, platino y rodio mezclado con oro.

 

Con el tiempo envejece

de la misma forma que los metales, el aluminio aflora en su epigastrio;

el estaño y el cinc en el insomnio de una menopausia vivida como maldición;

 

requiere el cálido y acogedor senecio

o el azul cobalto de cielos y playas de Sóller así como las perlas cultivadas de Manacor.

 

Confiesa cuál es tu herida.

¿que se rompió en tus ojos para verlo todo más pequeño? ¿Cómo es que andando juntos nos perdimos?

 

¿Acaso buscas en los altos trigales tu refugio?
 
                                                   Johann R. Bach

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