30 oct. 2013

En la sobremesa insisten en destrozarse, desconocen los versos d Antíoco:

     LA COLINA DE PIEDRA

 

Quizá Anacreonte de Teos,

sentado junto a Anquíloco en la maravillosa terraza que mira hacia la Colina de Piedra coronada por "Les Tres Creus" haya visto la escena de esa cena.

 

Le habrá hecho gracia

cómo sostienen tus amigos la copa -tomando el aire de grandes señores- con la finura de los que no acostumbran a beber.

 

A pesar de que la lengua de tus amigos

el latín popular, no se parece al idioma jónico lo habrá comprendido todo: la costumbre de introducir en la conversación, en el momento preciso, la grosería que los haga más finos, es muy antigua.

 

Habrá observado que todos

 se muestran distantes para parecer tolerantes, con una cierta sonrisa los habrá sentenciado como pobres diablos que en el fondo no son tan malos y se habrá dicho para sus adentros, apoyando su mano sobre la dorada lira:

 

su dinero,

a pesar de todo, los singulariza y les da un poco de tibia dignidad.

 

En la sobremesa

insisten en destrozarse, desconocen los versos de Antíoco:

 

mezclan libros y amor, risas,

delicadas blasfemias sin dioses y este pequeño país tuyo cargado de metáfora.

 

Tú en esas circunstancia miras el paisaje,

levantas levemente tu copa de "Coñac", desvías tu pensamiento hacia la Colina de Piedra del Parc Güell como colocando en su cima a Anacreonte y a Anquíloco para no olvidarlos y aprietas la mano de tu amor, lo más valioso.

                                                                   Johann R. Bach

 

 

 

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