31 oct. 2013

El pitido de la cafetera me devolvió a mi tiempo real

 EL FRÍO OBLIGA A PENSAR

 

Ayer hacía frío.

No tenía ganas de salir. Desde la ventana veía el mar, las olas, la espuma huyendo del viento.

 

Todo invitaba a leer.

 

En el primer libro

que cayó bajo mi mirada se comentaban pensamientos de Duns Scoto. Una de sus citas me llamó la atención.

 

Con una simplicidad escolástica

afirmaba en esa cita que "lo material del tiempo es el movimiento" y que esto "se halla fuera del alma"…

 

Como un autómata entré en la cocina,

encendí las luces bajas, las que están a la altura del pecho, levanté la tapa  de los fuegos, encendí el más pequeño y me dispuse a esperar a que subiera el café.

 

Volví a la cita de D. Scott:

"lo formal del tiempo es la medida del movimiento, viene del alma…"

 

Los científicos actuales

acostumbrados a la mecánica cuántica y a la exploración del mundo de las partículas subatómicas se reirían de él.

 

El pitido de la cafetera

me devolvió a mi tiempo real.

 

Esta vez sin azúcar en ella

levanté la taza de café, me la llevé a los labios, pensé en la confusión al oír los mensajes que me habían dejado en el teléfono móvil.

 

¿Las voces grabadas

que nos hablan son siempre de otro espacio distinto de las que se escuchan? ¿Suenan en los huecos donde ocurre la vida?

 

Acabé de tomarme el café,

miré por la ventana y concluí que Duns Scoto sufría sus confusiones por intentar acercarse al humanismo la filosofía de lo subjetivo. Benditas confusiones.

                                                                       Johann R. Bach

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