28 ago. 2013

Soy un reptil. Le invito a comer

  • No soporta la mínima cantidad de vino  

              ZINCUM METALLICUM C200 

 

Estoy sentada en la terraza

del bar Don Antonio en la Akazienstrasse, frente a mi ordenador que además me sirve para ocultarme tras su pantalla de las encendidas miradas casi sonrientes que me lanza un muchacho desde la mesa contigua; su cabeza pelirroja destaca entre todas las de la terraza.

 

Delgado, blanco de piel,

de finos y rojos labios, aparenta tener unos 22 años. Sus vivos ojos oscuros, sin llegar a ser saltones, destacan su fuerte personalidad que ya, a pesar de su juventud, produce en mis entrañas ese cosquilleo tan agradable que se desplaza hacia arriba encendiendo mis mejillas. 

Escondo mi mirada tras la pantalla,

pongo orden en mis ideas, miro a mi alrededor, siento la frescura de la ligera brisa de esta prometedora mañana, me impregno del colorido de la calle. Necesito escribir, pensar, soñar…liberar esas ideas, que desde mi arqueo-cerebro tan sutilmente descrito por Laborit se agolpan apresuradamente dirigiéndose hacia mi corazón.

 

Al transformarse en palabras inteligibles

esas ideas, poco a poco me sosiego, siento como mis palpitaciones se estabilizan alcanzando la satisfacción porque el relato ya se desprende de mi ser, arranca espacio y tiempo, independizándose como cualquier ser vivo. 

 

Ayer subí  al Wrangler;

se puso al volante Esperanza que naturalmente graduó el asiento a su medida. Me llamó la atención la posición del respaldo cuya exagerada inclinación hacia atrás provocó en mí un verdadero alud de ideas. No era la primera vez que observaba esa posición en un conductor de auto, pero esta vez Esperanza me dio la clave.

 

Entre las cosas aparentemente exentas

de trascendencia que destacan en Esperanza se halla la aversión al alcohol en todas sus formas, vino, cerveza, aguardientes, etc. En efecto, Esperanza no soporta la mínima cantidad de alcohol, hecho que destaca por su fuerte deseo de café. Cuando ha ingerido una cantidad importante de café se muestra inquieta con deseo irresistible de mover los pies.

 

A decir verdad, quizá la ingesta de café

compense la lentitud de su muy eficaz pensamiento, calificado por todos sus amigos de profundidad caviladora o de cavilación profunda. Esperanza es de esas personas que repite las preguntas que se le hacen al objeto de dar tiempo a su bien dotada mente a fijar el contenido de las preguntas como si se grabaran en los clúster de un disco duro.

 

La sustancia que contiene el café,

aparte del alcaloide de la cafeína y que se fija en el cerebro provocando alteraciones neurológicas, es el zinc. Pero ¿estamos todos intoxicados de zinc por lo extendida que está la ingesta de café? Yo propongo una respuesta negativa:

 

hay mucha gente intoxicada de zinc

que no bebe café. La pregunta que me surge con insistencia es ¿en qué momento de la evolución de la vida el zinc impregnó todos los organismos vivos de la biosfera? ¡Qué complicado! 

 

Levanto la mirada

y mis ojos encuentran los suyos. Ahí está el muchacho pelirrojo observándome. Esta vez no le esquivo la mirada: se la devuelvo con toda la ternura del mundo.

 

¿Por efecto del zinc procedente del café

cargado que me estoy tomando? Le sonrío; él me devuelve la sonrisa. Además de guapo parece simpático. Continúo escribiendo, aunque ya se ha tomado la libertad de preguntarme si puede sentarse a mi lado. ¿Se está entregando? ¿Qué le ha seducido? Me encanta que sea osado. Mis mejillas vuelven a encenderse. 

 

Le pido disculpas por seguir escribiendo,

hace un ademán para levantarse pensando en que quizá molesta, le tomo la mano deteniendo su movimiento, le "obligo" con suavidad a seguir sentado junto a mí. Sigo escribiendo bajo su sorprendida mirada. Noto que se acomoda en su silla y se resigna a esperar a que yo haga o diga algo. Eso demuestra su empatía. Me gusta. 

 

En algún momento del desarrollo de la vida,

(continúo con mis ideas) las bacterias primitivas se podrían haberse impregnado del azufre mezclado con el metano en forma de ácido sulfuroso, dando origen a la intoxicación general de los seres vivos extendida por toda la biosfera.

 

Posteriormente debió haber

una segunda intoxicación de los seres vivos en la que el zinc jugara el papel dominante.

 

¿Dónde se encuentra el zinc

además de su presencia en el café originando ese aroma característico? En las pipas de calabaza (Kurbiskern) de gran utilidad para rebajar los altos índices de colesterol, azúcar e hipertensión; en los reptiles y en la tinta de los calamares.

 

¡Eh! ¡En los reptiles! Eso encaja.

Sonrío. Miro al muchacho que parece no comprender nada, pero que está dispuesto a esperar… ¿una palabra amable? ¿una sonrisa? Algo trascendente naturalmente a juzgar por su pelo rojo. Siente que ha saltado una chispa entre los dos. Le invito a tomar algo. 

 

Mi imaginación me propone una idea:

Los reptiles viven mayoritariamente en tierra firme aunque en su origen vivieran en el mar y tienen calor porque absorben las radiaciones solares directamente; su representante característico sería Lachesis, la optimista trigonocéfala serpiente del Brasil.

 

Que los calamares siempre tendrían frío

porque viven en el mar y su representante característico sería Sepia, la solitaria y triste cefalópoda. Ese sería el origen distinto de personas frioleras o calurosas. 

 

Se lo explico a mi compañero de terraza.

Su mirada se torna inquisitiva, duda de mi cordura, pero su empatía le obliga a hacer un esfuerzo por comprenderme; noto que me mira los labios: la sangre me sube otra vez al rostro,

 

noto calor en la cara

y en el hipogastrio y su hermosura me está embargando el corazón; deslizo mi mano sobre la suya como una serpiente pero sin agresividad, con ternura: soy un reptil. Le invito a comer.

 

Acepta (no me he sentido

tan viva desde que Niko me dejó). Voy a ir envolviendo su corazón sigilosamente mostrándole lo agradable que me parecen su conversación y su carácter empático, cualidades prometedoras en un hombre.

  

Luego pienso invitarle a mi apartamento

y fantaseo mirándole a los ojos que allí lo desnudaré; me desnudaré yo también, frotaré mi piel contra la suya con suavidad y sigilo viperino, con cuidado de no tocar prematuramente sus puntos calientes; mordiéndole los pezones, comiéndole la barriga le entregaré mi pasión mientras se deshace de placer.

 

Levanto los ojos, observo la belleza

y la simpatía de Akazienstrasse mientras abordamos los platos que nos pueden llevar a una relación profunda originada por la intoxicación de zinc…

 

La intoxicación del zinc también tiene su parte positiva…
 
                                      de la novela "La Chica de Kiefholzstrasse"
                                                                   Johann R. Bach

                                                                                              

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