29 ago. 2013

Quisieras no volver la mirada, olvidar tus paisajes ...

CADA MONJA ESPERA A SU ORFEO

 

Quisieras no volver la mirada,

olvidar tus paisajes encerrados en una desangelada celda y las llamas de luz resbalando sobre el campanario; olvidar hasta las letras de tu nombre.

 

Deseas acercarte a tus pasiones

y a las páginas de tus caderas, abrir su ángulo diedro como un libro,

ser la esencia de un fuego fulminante, el globo sonda que se eleva sin recuerdos.

 

Has rechazado

cuanto puede retenerte en tu ascenso de noche por el cielo. Has rechazado tus promesas y tus ritos y tus oscuras brasas sentimientos;

tus problemas y tus éxtasis en el terrible subterráneo blanco han desaparecido entre las luces como si Orfeo te hubiera llamado entre los astros.

 

Demasiado ruido sobre tu sangre

y demasiados rumores en los árboles. ¡Tantos y tantos años en el cántico!

 

Demasiada agonía

y demasiados lirios en las manos. Ya es tiempo de temblor bajo las sábana y de caricias en la penumbra; es tiempo de que las palabras

se conviertan en suspiros. Es tiempo de amar y ser amada.

 

Rescátame de entre los cimientos

de este palacio abominable, lleno de bordes de piel quemada como en el mar, abarrotado de abrazos como un pan lleno de sangre y siniestros corazones que suplican con gemidos proferidos a lo lejos. Rescátame de esas miradas de carbón atormentado.
 
                                                                            Johann R. Bach

1 comentario:

  1. Láminas de rumor desamparado,
    cimientos de un palacio abominable,
    palabras de perdón y latigazos,
    gritos entre los muros de los años,
    cuchillos en los ojos de las flores,
    bordes de piel quemada junto al mar,
    abrazos como un pan lleno de sangre,
    corderos en el fondo de los pozos,
    siniestros corazones que suplican,
    tormentas de la raya vacilante,
    rodillas como piedras que volasen,
    sombras que configuran lo ya no,
    montones de cabezas y de escombros,
    luces que nacen raudas y se pierden,
    rosas que se asemejan a las rosas,
    gemidos proferidos a lo lejos,
    umbrales derribados que se mezlcan,
    entrelazados blancos diferentes,
    miradas de carbón atormentado,
    un géminis de estatua y de suplicio,
    la reina del infierno y sus mitades.


    Juan Eduardo Cirlot

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