25 ago. 2013

¡Qué bien atas la luz a la oscuridad!

  A PUNTO DE AMANECER

                                          

¡Oh noche!

 

¡Qué bien combinas tiniebla y claridad!

Ser y no ser unidos en el color gris moteado de magenta donde la mezcla levanta sus castillos de sombras sin sonido, la espera paciente del amanecer.

 

En las sombras de platino,

lo negro se reviste del fulgor de tus estrellas para acercar su rostro hacia las alas de las aves que rozan, tan pronto clarea, las almenas de la niebla.

 

¡Oh noche!

 

La mezcla nos confunde

en su calor de transparencias que se agregan sólo en superposición de movimientos y de inmovilidad asimétricos.

 

Las escaleras cromáticas

gimen cuando el alma desciende por su sombra hacia lo mineral o sube por sus escalones de mármol hacia la sombra que finge ser un ángel entre anillos.

 

¡Oh noche!

 

¡Qué bien atas la luz a la oscuridad!

La anudas como el silencio, o como la palabra sorda de los siglos entre las yuxtaposiciones de los tiempos pensados o vividos solamente.

 

Aquí me tienes suplicando

que quieras concederme ese brillo gris metálico que se pasea junto a la playa, ese espacio que separa el campo de olivos de tus sienes y su música.

 

¡Oh noche!

 

Sabes que sueño con oírte decir:

"Te concedo lo justo entre los ojos, lo justo entre los labios y lo solo entre las manos tristes del ocaso".

                                                                                   Johann R. Bach

 

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