14 ene. 2015

Sin duda era una glándula de Bartholino que se había infectado al igual que su espíritu.

SALIVA DE OTRA SED


Durante nueve largos meses Julia ha sentido correr entre sus piernas la saliva que sin descanso su amado le regalaba produciéndole un orgasmo tras otro, pero en la última noche que pasaron en Paris, en un hotel que no llegaba ni a la categoría de mediocre, con una dudosa higiene y con su alma debilitada por la encendida discusión con su amante, sus defensas la abandonaron.

Atrapó una infección extraña. Notó, al regresar a Berlín, que algo se hinchaba en el lado derecho entre los vaginales labios externos e internos hasta alcanzar el tamaño de un huevo de paloma. Sin duda era una glándula de Bartholino que se había infectado al igual que su espíritu. La gonorrea de años atrás volvía a aflorar.

No tuvo relaciones sexuales con su amado durante tres días. Por la noche apretaba las piernas mientras su amor le explicava correrías eróticas de juventud.

Se lavó todo lo meticulosamente que pudo, pero lo que le eliminó esa infección, reabsorbiendo en pocas horas el pus que producía su alma fue la Silicea. Un diagnóstico rápido y preciso puede ayudar a corregir errores y descuidos del espíritu. Y el alma femenina lo agradece.
                                                                 Johann R. Bach 

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