16 ene. 2015

el sueño de Sancho Panza –El Quijote- en las sienes.

EL SOLDADOR DE SÍLABAS

Alguien que me conoció en el Hospital
debe haber corrido la voz porque ya han empezado a llamarme El Soldador de Sílabas.

Demasiado cercano a la mentira
para tomármelo como un cumplido.

¿A qué distancia del barrio
quisieran colocar mi seso vivo en el vivo espesor del número?

Nadie me ha enseñado
a hablar con pureza de cosas sucias.

Alguien que no me aprecia
ha hecho correr la voz de que pasé penalidades, pero

en realidad nunca fui pobre:
mis ojos vieron la luz mientras el mar depositaba sus riquezas entre los dedos de mis pies

arena limpia sin barro.

Los alguaciles -que no hablaban mi lengua-
intentaron, persistentemente, meterme en un charco azul, bajo un cielo azul, pero

aquellas aguas estaban teñidas de rojo

y no quise nunca dormir
en lugares a su merced ni olvidar.

Y para que la vida
vuelva a la palabra vida sueldo del modo más puro al argón esas dos sílabas

como lo haría también el niño
que quedó solo en un día largo de invierno silbando el viento huracanado de la tramontana sobre su cabeza.

Siempre. Siempre –insisto- me sentí rico
pues Poseidón puso a mis pies el mar; la titánide Tea, unos ojos algo saltones sobre mi frente para ver el cielo

y al bajar los párpados
el sueño de Sancho Panza –El Quijote- en las sienes.

Nunca se me ocurrió injuriar a la noche
aunque el grito fuera cada vez más débil y la noche de los inviernos de la soledad de Cadaqués, más terrible y oscura.

El hambre no me hizo lobo.
Probé a comerme las uñas y los tomates de los calcetines(1) mientras miraba al cielo pues

Ignoraba cuánto había de durar aquel viaje
en el que sólo yo era el capitán;

un viaje hacia la otra orilla del mar
donde quizá no sea tan malo el humilde oficio de soldar sílabas.

                                                      Johann R. Bach

Nota (1) En Cadaqués llamábamos tomates a los agujeros en los calcetines.


1 comentario:

  1. En Madrí también le llamábamos tomates; y se remendaban. No necesitas que te enseñen a hablar con pureza, las cosas son sucias si la mano que las toca esta sucia. Me gusta tu tono de Bukowski- olímpico. Luis Fellin

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