1 abr. 2014

No soy yo el que debe juzgar si eres lento o rápido.

LAS MANOS DEL FUNCIONARIO

 

Tómatelo con calma.

Tú eres funcionario. El entusiasmo que corre por tus venas es el responsable de tus disgustos cuando te equivocas o simplemente cuando algo va mal.

 

Sé que te han trasladado

a esta sección administrativa cuando ya tus huesos se habían endurecido y tus rudas manos sometidas al

 

duro trabajo de encofrador

en la mina no son precisamente hábiles para golpear los teclados. Sin embargo, demuestran un carácter voluntarioso distinto de la tozudez.

 

Tómatelo con calma.

Tú eres funcionario. A mí sólo me han encomendado que te enseñe en qué consiste tu trabajo.

 

No te molestes porque corrija tus errores.

 

Yo también soy funcionario.

No soy tu jefe para abroncarte. No soy ni siquiera el chivato que vaya a informar a alguien tus dificultades de aprendizaje.

 

El chivato es ése

que tienes detrás de ti y que simula ser amigo tuyo desde el día que te trasladaron a esta siniestra oficina.

 

No te sientas humillado

por nuestra diferencia de edad. Yo no estoy por encima de ti, sólo tengo el encargo de que te adaptes a tus nuevas tareas.

 

Tengo veintitrés años

y trabajo aquí desde hace cinco. En las oposiciones gané la plaza holgadamente y mi punto de partida es distinto del tuyo que iniciaste tu carrera en la mina.

 

Tómátelo con calma.

Tú eres funcionario igual que yo. No menos, pero tampoco más. Los dos tenemos la misma categoría de oficial administrativo.

 

No soy yo

el que debe juzgar si eres lento o rápido. Soy sólo una humilde pieza más de este laberíntico complejo administrativo.

 

Me han encargado

que te ayude a adaptarte en esta sección. No te enfades si corrijo tus errores.

 

Tómatelo con calma.

Tú eres funcionario.

 

                                                       Johann R. Bach

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