ANNA MARIA LA CARNICERA
De niña me decían
que me había caído de una nube y el arco Iris doró mis delicados rizos y en mi ingenuidad opté por ser buena chica.
Tomé la forma de Anna María
una simpática carnicera de la Calle Santapau de Girona.
Mis manos tenían un tinte rosado
por el continuo contacto con frío de las cámaras y de vez en cuando los nervios me jugaban malas pasadas, necesitando periódicamente unos días de tranquilidad.
Superada esa primera fase de aprendizaje
paso los días en el establecimiento, junto a la compañera del jefe, cortando carne y salchichas con un cuchillo afiladísimo y
atendiendo amablemente a las señoras
que vienen a hacer la compra.
Al principio me gustaba bromear con ellas, no lo niego.
Aceptaba que se inmiscuyeran en mi vida sentimental, pero ya empiezan a aburrirme con su mojigatería
ante mis insinuaciones sexuales
y su obstinación en que parezco muy cambiada.
Pronto abandonaré
el obeso cuerpo de Anna María en cualquier callejón, pasaré unos días en otra nube y buscaré un nuevo envoltorio.
No sé. Esta vez me apetece ser
una escritora solitaria que sueña con aventuras amorosas e intercambia escritos eróticos con las lectoras que se presten a ello.
Johann R. Bach
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