10 oct. 2013

Aquel viejo poeta se apartaba de todos, paseaba por las playas...

CÓMO HACERSE RICO

 

Los escasos habitantes de las islas,

rehuían la presencia del aquel Homero de playas atlánticas y detestaban su conversación y sus ideas. En realidad lo que detestaban -lo execrable en él- era la vejez.

 

Hasta en aquel paradisíaco lugar,

con acantilados llenos de gaviotas, con bosques de tranquilos pinos piñoneros lanzando al aire su aroma de trementina, crecía la ambición y la ceguera humana de querer ser rico.

 

Aquel viejo poeta se apartaba de todos,

paseaba por las playas, se refrescaba y bebía en las milagrosas fuentes de agua dulce, se sentaba a la sombra de las rocas quitándose su sombrero de paja toquilla,

 

con su doble parpadeo

cosía el cielo al horizonte, sacaba su cuaderno de viajero trasnochado y, bolígrafo en mano, describía los regalos de la naturaleza con una caligrafía tan bonita como antigua.

 

Los elementos de las Islas Cíes son –decía-

un conjunto parecido a una tela preciosa en donde se han bordado unas nubes y en el que innumerables estrellas, apremiadas por no se sabe qué razón, parece que vuelan: aparecen y desaparecen.

 

A menudo paseaba junto a la laguna

de las Islas observando cómo en sus aguas, en una marea con un retraso de seis horas, se iban dibujando unas pequeñas ondas bañadas de luz reflejo de las olas del mar.

 

Imaginaba

que bajo aquellas mismas aguas de la laguna circulaban, en grupo como en medio de un espacio refugio, unos peces delicados y errabundos.

 

De vez en cuando alguien piadoso

se le acercaba y con cautela escuchaba su aparente inconexa conversación. Ante la pregunta sobre su soledad, respondía que los que se sentían solos eran los que se le acercaban.

 

"Algunos quieren oír de mis labios –solía decir-

los secretos de la vida, los secretos para amarrar a la diosa Fortuna o para conjurarse con ella a fin de compartir con ella el Beneficio".

 

"No les importan mis gritos o mis lamentos,

ni que los pinos locos con raíces como dedos temblorosos apunten al silencio mi destino cercano". "Preguntan directa y descaradamente qué deben hacer para ganar dinero".

 

"De nada sirve decirles que miren las olas del mar

ahora que la sal de su sangre endurece el olvido, más salado, del mar. Ni qué decir sobre el comentario sobre los olvidados huesos, sucios, en los que crece el verdor anónimo". No pueden ver cómo el agua emite llamaradas de plata y mucho menos comprender que mis días transcurren así, como las suaves mareas de la laguna.

 

Insisten y repiten la pregunta

¿Qué hay que hacer para obtener beneficio?

 

El viejo escritor

-continuando con su aparente incoherencia- respondía con voz grave que las magras arañas grises vienen y van y vienen; en la maraña de sombríos arbustos, y, que el canto solitario, apretado, invisible del autillo fecunda el pensamiento con el rumor furioso del viento.

 

Haciendo oídos sordos

las gentes volvían a preguntarle ¿Qué hacer para obtener dinero?

 

Cansado ya el viejo

de una conversación incómoda, comenzaba a ceder. Bien, bien, os lo voy a explicar:

 

"Todo aquel que quiera ser rico

tiene que pasar por dos fases: la primera consiste en tomar la decisión de hacerse rico. Para ello habrá de invitar (pagando la cuenta) a cenar a todos los amigos y cuando éstos tengan algo ya subido el vino a sus rostros les echará la siguiente arenga:

 

Amigos míos,

a partir de ahora nos veremos muy poco. Difícilmente volveremos a tener una cena llena de alegría como ésta. No es que ya no os quiera, sino que voy a estar muy ocupado en los próximos años en hacerme millonario. Así que os deseo a todos salud y felicidad.

 

Después de desvelar la primera parte del secreto

el viejo sabio se mantenía en silencio como si no pudiera desprenderse de una larga pausa, con los labios prietos, iba contando los segundos en que tardaría en llegar la siguiente pregunta:

 

¡Dínos ya en que consiste la segunda parte!

le decían, impacientemente, los ansiosos por conocer los secretos del cómo definitivamente podían hacerse ricos.

 

El viejo, con lástima infinita en sus ojos

les contestó: "La segunda parte sólo la explicaré a aquellos que hayan osado realizar la primera parte: pagar a todos los amigos una cena".

 

Para osar triunfar,

hay que osar saltar las dificultades, cortar de cuajo el nudo gordiano de la indecisión". 

                                                                  Johann R. Bach

 

 

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