8 nov. 2013

No pude evitar arrastrarme penosamente murmurando todavía no, todavía no

LAS SIETE VIDAS DE SIETA LA GATA

 

Aunque soy consciente

de que tuve múltiples vidas sólo recuerdo las últimas siete. Mi actual dueña cree que no soy más que una gata. Cariñosa. Eso sí.

 

Una vez fui hombre.

No recuerdo bien algunas cosas de las que hacía, sin embargo me acuerdo perfectamente de otras.

 

Recuerdo que era una persona muy cansada.

Fulminaba con la mirada la carretera, lo que me lleva a pensar que fui chófer de camión o de coche particular.

 

Los ojos sufridos,

el pelo ralo -aunque no llegaba a afectar la coronilla-, las sienes hundidas, una verruga notable sobre la ceja derecha, los pies congelados en los botines, la espalda dolorida…

 

Mirado con la distancia

del tiempo creo que fui un hombre en descomposición, empolvado y reconstituido caminando por el mismo camino todos los días:

 

Carretera surcada

por el mismo horizonte tanto en invierno como en verano auque a decir verdad ningún atardecer fue igual.

 

A los lados de la carretera

los campos resplandecientes, llenos de agua y huellas de botas de difusos perfiles de derrotados soldados.

 

Recuerdo que tenía una auténtica manía

por apartarlos de mi memoria, bebía vino tinto que me alegraba un poco las noches. Me gustaba el ron, quemado por supuesto.

 

Me tumbaba mirando el cielo

y supongo más que recuerdo que cantaba a las estrellas y me las arreglaba para que las palabras fueran acompañadas con su música.

 

Fue un tiempo que pude hablar.

 

Por otra parte estaba tan harto

de cargar con todo; pulmones, huesos, manos de hombretón amable que de vez en cuando tenía que supervisar el ritmo de la respiración, enlentecer el ritmo del corazón y reflexionar ante de continuar devorando kilómetros.

 

Aún así las cosas,

me negué a permitir que la muerte me echara una mano, no acepté su húmeda tortura sobre mi piel, pero no pude evitar arrastrarme penosamente

 

murmurando todavía no, todavía no.

En realidad no era tan negativo poder hablar hasta con los gatos como yo. Fue una triste vida aunque bien mirado quizá no fue tan triste.

 

                                                             Johann R. Bach

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