9 nov. 2013

Era duro de oido aunque oía cómo los grillos abordaban amorosamente a sus esposas

EN MI ÚLTIMA VIDA NO FUI MUJER

 

En mi última vida no fui mujer.

Contrariamente a lo que habían sido mis vidas anteriores, esta vez nací con algunas hiperplasias entre las piernas.

 

Poco a poco mi desarrollo

fue frustrando las esperanzas de mi madre. Al principio no quedaba clara la cualidad de mi sexo porque una aparente hendidura creó confusión hasta en la experimentada comadrona.

 

La ilusión de una niña –en mi madre-

no se desvaneció del todo hasta que me convertí en un hombre cabezón y rústico de grandes orejas masculinas carcomidas en su parte superior.

 

Tempranamente comencé

a vivir en un cuerpo prematuramente peludo y sin gracia, lleno de picores que me obligaban a rascarme y a manosear unos genitales con ganas de vaciarse casi a diario.

 

Era duro de oído

aunque en el crepúsculo oía cómo los grillos abordaban amorosamente a sus esposas todas de una delgadez de varita de olivo, pequeños puzles en las hierbas,

 

alzando sus pálidas

y trigonocéfalas partes superiores del cuerpo.

 

Siempre ocupado

en describir su mundo de "usar y tirar" antes de ignorarlo y brincar atento al pequeñísimo retraso entre el tiempo real y el observado, yo los oía telefonear insistentes con sus antenas tiesas

 

y regodearse en su luminosidad diciendo:

"En este lugar somos el canto. Estamos hechos de sonidos digitales, buscamos ser un poco más precisos de lo posible, zumbando, tratando de desvelar cosas literalmente momentáneas".

 

Desde aquél día

en que tomé conciencia de mi cuerpo masculino dejaron de interesarme los hombres en espera de una nueva reencarnación.

 

                                                                            Johann R. Bach

 

1 comentario:

  1. Fantástico relato, y a la vez real, como las cosas que cuentan los niños pequeños, que traen los recuerdos aún vívidos de su vida pasada. "En tu última vida no fuiste mujer" Y en la primera fuiste hombre y mujer en un solo ser, como yo, como todos... Y los hermosos grillos que a veces me fastidiaron, y asesiné impiadosa para poder dormir, hoy me vengo a enterar que en un tiempo, eran encerrados en jaulitas y vendidos, pues con sus sonidos ayudaban a los antiguos a desdoblarse...(Monte de los grillos,cerro Chapultepec)

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