18 sept. 2013

Ya sabes, finalmente, todo son afanes de amor ...

Deja hacer a nuestras manos

 

Dime mi amor

¿Qué deseos crees que podrían reclamar nuestros ojos todavía? ¿Y qué otros los labios?

 

Deja hacer a nuestras manos

atlante de mis sueños, déjalas que cierren la tristeza, déjalas que desaten la vida en esta parte del mar.

 

¿Querrías compartir

un amanecer cosido a sueños mientras se despierta la gente; una lluvia de sol sobre los ciruelos de las calles mientras nos amamos?

 

¿O quizá la luna batiendo las alas

una vez fecundada la piel?

 

Desátame las manos

para que hagan la cama sobre tu cuerpo con sábanas de ternura, para que puedan detenerse por los escondrijos que olvidaron mis besos y luego, lentamente, asciendan a pasar la noche junto a tu corazón.
 

¿Puedes notar?

Tus manos al abrigo de mis caderas, el dintel de las piernas abriéndoseme a su exhorto, el pecho temblándome en su madriguera.

 

Ya sabes, finalmente,

todo son afanes de amor desbordándose a golpes sobre la corteza de los hombros mientras nuestros ojos de té se miran enamorados.

 

Más tarde

mientras enhebras el sueño, mis manos sedientas de tinta buscarán arias suaves entre geografías descarriadas y entre versos y palabras de cuadernos venerables dibujarán letras con una caligrafía de sonrisas dormidas vaciando la amargura de los sueños, sobre la memoria anónima del mundo.

                                                                                       Johann R. Bach

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