21 sept. 2013

Sólo en la pared estaban inquietos los cuadros

   EN MEDIO DE LA NOCHE

 

Fue en medio de la noche

que oí unas carcajadas que, al parecer, no querían despertar a los que dormían, pero que se oyeron por las cuatro esquinas de mi firmamento.

 

Eran las dos de la noche

y ya no había gente por la calle. El estruendo de las carcajadas pasó instantáneamente de mis oídos a mi boca y la afluencia de humedad bajo la lengua me obligó a tragar saliva.

 

Creí que el silencio quería volver a pasearse

sobre el cuaderno de tapas rojas que en ese momento recogía e hilvanaba mis sílabas.

 

No fue así:

Un ruido seco como si un mueble se hubiera desmoronado me alarmó. Por un momento pensé que era mi estantería preferida que se había quebrado bajo el peso de los libros.

 

Revisé con una rápida ojeada

todos y cada uno de los muebles y todo en la amplia sala estaba en orden. Sólo se oía musitar a dos moscas detrás de la ventana. Tras el vidrio se habían apelotonado absorbiendo el calor a través del cristal.

 

El resto de objetos de cristal,

pequeñas piezas situadas sobre la estantería, y un par de caballitos de plomo de los soldados de infancias idas, continuaban inmóviles.

 

Un elefante de rojo jaspe

cumplía como desde el día que lo compré en una tienda de antigüedades su imperturbable misión de pisapapeles.

 

Junto al antiguo aparato de radio

un delicado velero dentro de su transparente botella, en su quietud, no daba muestras de especial zozobra.

 

Sólo en la pared estaban inquietos los cuadros

y la gran máscara de la vaca blanca parecía querer mugir. Un temblor casi imperceptible del estrecho tabique perturbaba sus estados de reposo.

 

Fue en medio de la noche

Cuando, de repente, sentí por enésima vez el misterio de los suspiros de la especie que atravesando las paredes hacían titilar de placer a los insomnes vecinos.

                                                                               Johann R. Bach

 

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