5 jun. 2013

¡Oh sí! siempre te has sentido afortunada

             LA SONRISA

 

Marta Guillamón solía decirte

que tu hermano no tenía madera de aristócrata. Nunca se casaría con un hombre que no tuviera un porte elegante.

 

Pero a ti te decía

que tenías la dulzura y delicadeza de una princesa. La sangre con su nitrito de amilo subía a tu rostro junto a la sonrisa.

 

Oh, sí, siempre

te has sentido afortunada; -es curioso. Ni tú misma querías creerlo. Aún ahora te sorprende; -de ahí tu retraimiento y tu agradecimiento cuando alguien, maestro, músico o escritor te dirigía, con el mismo énfasis que Marta, un "Buenas tardes", o un "Buenas noches".

 

Mirabas alrededor con cautela,

no fuera que estuviese saludando a alguien más. Una sonrisa inmensa te llenaba la cara y el escarlata se desbordaba por tus orejas –no estaba bien-lo sabes.

 

Intentabas contenerla;

evitarla; no lo lograbas; -sólo frunciendo el entrecejo se puede contener una sonrisa (eran palabras de Marta), pero para ello se necesita entrenamiento frente a un espejo. Tú nunca lo lograste.

 

                                                                               Johann R. Bach

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