3 jun. 2013

Ahora que mis años me lo permiten reconozco ... que fui el kitsch de los dioses

      CURRICULUM SURREALISTA

Quizá sea útil decir

-para algunas personas que se tienen por muy masculinos- que los hombres no somos un "chollo".

 

Para empezar podría decir

por ejemplo, que es difícil encontrar cualidades –contrariamente a lo que manifestaba Platón- entre los hombres, aunque es verdad que, parafraseando a De Gaulle, no los conozco a todos.

 

Ahora que mis años

me lo permiten reconozco que hubo un tiempo en que fui el kitsch de los dioses. Pero procuré, por todos los medios, no robarle a nadie su antorcha.

 

A pesar de la embriaguez

espiritual y el menosprecio por la vida sencilla, no llegué a ser un Prometeo con su morro lleno de coñac.

 

Mi vejiga –es cierto-

siempre fue débil y ya desde muy joven me inclinaba apoyándome en la pared para poder orinar,

 

por ello nunca dejé entrar en el baño

a nadie y procuré que el ganado vociferante por encima del establo se mantuviera alejado de la casa;

 

y, me acostumbré a oír sus gritos

como si alguien le diera al tambor. Me aparté del arrabal y de Mefistófeles por pisos, mientras todo a mi alrededor se moría de risa.

 

Hice lo que todo hombre ha hecho:

Mearme sobre todas las moscas que se ponían al alcance de mi chorro cuando en el campo regaba con mi orina a cualquier arbusto.

 

Me negué a jugar a las canicas

con los cráneos de la facultad desde el día que presencié el despedazamiento sangriento de una persona atropellada por un tranvía. Soñé con aquellos despojos humanos durante meses.

 

Me aficioné al zumo de frambuesas

en bosques y campiñas y giraba el rostro evitando la mirada al pasar delante de las inscripciones en placas de mármol,

 

el mismo frío mármol

donde se lavaban los cadáveres abandonados que llegaban de vez en cuando al Hospital.

 

Justamente delante del Clínico

holgaban los ociosos bomberos con sus grandes barrigas y contrariamente a lo que predijo el poeta su perro no se quedó junto a la estufa. Y… ¿A quién le importan los perros subvencionados?

 

Por más vueltas que le diera

al paisaje siempre me topaba con la invariabilidad de lo psíquico; y, alguna vez ante los ensayos asociativos del Rector de la Universidad de Barcelona;

 

quería meternos a todos

en un sindicato facha (el SEU) que gestionaba los garbanzos de los garbanceros oficiales. Pretendía que todos comiéramos garbanzos. ¡Garbanzos para todos! Era su consigna.

 

¿Qué podría decir aún…?

¿Mi posición ante lo somático del sistema y lo secretivo de las sinopsis? Alguien duda, a estas alturas, de mi capacidad para negarme a meter en mi cabeza

 

La suma de hechos históricos

narrados precisamente con el discurso de los vencedores –léase falsos- y el montón de pequeños estímulos junto a la acumulación de las discrasias más triviales;

 

o incluso las consecuencias

y problemas de la formación de tipos en la tipología (no la topología como ciencia matemática).

En efecto, yo también creí

durante algún tiempo que antes de escribir poesía debía saber física, filosofía, derecho, biología, astronomía, etc. etc., pero pronto

 

aprendí a reírme

de la alegría del dinámico, del basilisco depresivo, de la filigrana del neurótico y de la distinción del bruto que cree que por bien que hagas una cosa siempre habrá un millón de personas que lo hagan mejor que tú (ley matemática contraria al mito de Pigmalión).

 

Tuve mis devaneos con Darwin:

Me fijé en la apacible jirafa, en la bolsa marsupial de los canguros, en cómo amibaba la ameba. Les pedí a todos aquellos animales una sombra de futuro, de su evolución, y no me hicieron caso. ¡Nada! Ni un gruñido.

 

A partir de entonces

los consideré tan bien como a los humanos: todos como figuras deambulantes con buen paso sin mito, engañados, engatusados,

 

personalidad venganza de la creación,

buscadores del bienestar rollizo; metafísica de antítesis latentes, baño de azúcar en bañeras llenas de miel y –Yohimbin 4 DH1-

 

Este es "grosso modo" mi "curriculum"

para ser tenido en cuenta para contratarme o llegado el caso, para despedirme.

                                                                                     Johann R. Bach

 

(1)           Yohimbin 4 DH: Medicamento homeopático que refuerza la libido.

 

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