29 abr. 2016

Leía poesía todas las tardes en su habitación


EL mecánico AJUSTADOR

El mundo de Niko era un mundo miniaturista.
Vivía entre espacios creados por él mismo en los que la tolerancia en las distancias era milimétrica y a menudo ciertas piezas mecánicas se ajustaban hasta la centésima parte de un milímetro.

Los problemas técnicos que debía resolver
se basaban casi exclusivamente en crear espacios rellenables en moldes de acero templado preparados para reproducir miles de piezas de aleaciones ligeras previamente fundidas.

Él denominaba al taller donde trabajaba
"el Pequeño Infierno" pues los hornos donde se fundían los metales –cinc, aluminio…- estaban permanentemente a temperaturas que oscilaban entre los 380 y los 450 grados centígrados. Las máquinas no podían ser refrigeradas y el calor en la nave producía sudoración y deshidratación continua. Lo único que Niko apreciaba de aquel ambiente era el olor a café tostado producto de los gases que se desprendían del cinc.

La ducha laodicea (tibia)
al acabar la jornada era el premio a su trabajo. Cuando Niko llegaba a casa, aseado, bien peinado, oliendo a colonia de lavanda, nadie diría que trabajaba en un lugar sucio y horrible calificable de "pequeño infierno". Era escrupuloso, ordenado en sus cosas, poco hablador e introvertido. En su cara destacaba una nariz recta, una boca algo desproporcionada rodeada de unos labios gruesos rojos. En su frente se apuntaban tres arrugas horizontales propias de personas preocuponas y más arriba un pelo crespo y rizado formando una auténtica cabeza de escarola. Solamente en sus gruesas cejas aparecía una abundante e inquietante caspa blanquecina.

Leía poesía todas las tardes
en su habitación para librarse de aquel mundo de tubos de cobre, moldes de acero, noyos, agujas extractoras. No cerraba la puerta que daba al pasillo cerca de la puerta de entrada hasta hora muy avanzaba. Se sumergía en la poesía y en el ensueño con la finalidad de conocerse a sí mismo, pero fuera del mundo de los pequeños moldes rellenables por inyección a presión a través de un conducto de tránsito dinámico con forma de cuello de cisne (goose neck). Buscaba una esfera, un espacio donde descubrir la flor del espíritu. A juzgar por su sonrisa, Cassia mantenía la creencia que aquella casa de huéspedes era precisamente el lugar adecuado para Niko puesto que era de esas personas que, al igual que un caballo, no pueden estar solas.

Cuando con ocasión de una avería en los motores del ascensor una vecina le decía al resto del corrillo de vecinos  

¿Cómo vas a encontrar entre nosotros a
algún mecánico competente?

Otra vecina respondió, casi con enfado,
a esa pregunta con las siguientes palabras:

Queda sólo uno,
pero es un pobre soñador de sueños…

                                                   (de la novela "Dibujos y paisajes de Cassia")
                                                                                 Johann R. Bach

1 comentario:

  1. XANA GARCÍA
    17:59 (fa 18 minuts)

    "Queda sólo uno,pero es un pobre soñador de sueños…"
    El mundo del trabajo de Niko era un infierno de calor ,muy ajustado y milimétrico para la creatividad,parecía "otro"después de la ducha templada,como si el lugar donde se trabaja fuera el reflejo de lo que somos o deseamos ser.Leía poesía para salir de aquel espacio cerrado que le rodeaba,buscando respuestas a sus preocupaciones,belleza y liberar su espíritu. Cassi sabía muy bien que a los caballos no se les puede atar pero sí son receptivos al trote en un habitat adecuado. Soñadores de sueños quedan pocos, y nada tienen de pobres, matizo.
    Me ha gustado Niko,pero me pregunto el motivo por el cual tus personajes masculinos son introvertidos y siempre hablan poco, poeta .Buen día Joan!!

    ResponderEliminar