24 abr. 2016

En todo caso Cassia se propuso contar la historia de Clementine


LAS MANOS DE CLEMENTINE

Las pupilas de Cassia
se achicaban al observar las manos marfil puro de Clementine mientras nos servía el té. Quería indagar quién dominaba aquellos temblorosos dedos. ¿Quién era aquella mujer?

Era una anciana.
Y su vida era, probablemente, la de una de aquellas personas que no pueden ser narradas fácilmente. La vida de Clementina podría haber sido una vida que comenzó y que, aún avanza, avanza hundiéndose vejez adentro, y para nosotras era como si hubieran transcurrido centenares de años.

No sabíamos nada de ella.
Podíamos, sin embargo, suponer que tuvo, como es natural, una infancia, fuera la que fuera, una infancia sumida en la pobreza, dada su extensión en aquellos años, oscura, tentadora, incierta. Y quizá aún la conservaba pues aquella infancia…, como dice San Agustín ¿a dónde habría ido?

Quizá aún conserve –pensaba Cassia-
todas las horas pasadas, las horas de espera y de la desesperanza, las horas de la duda y las largas horas de aprieto; puede que sea la suya una vida que no ha perdido ni olvidado nada, una vida que se ha ido recogiendo a medida que pasaba. Quizá: no sabíamos nada de Clementine.

Pero nada más de una vida como la de ella –creía Cassia-
podía surgir una plenitud y una abundancia de tanta transcendencia; sólo de una vida como aquella, en que todo es simultáneo y se mantiene despierto y nada pasa desapercibido, podría continuar siendo joven y fuerte y emprender día a día la inmensa obra de llenar una casa de amabilidad y cariño incluidos los líos con los vecinos, sus episodios y detalles personales.

En todo caso Cassia se propuso contar su historia
como la historia de una niña que a menudo se olvidaba de comer porque le parecía más importante recortar figuras de aquellos cartones recortables con peana blanca para poder ponerlas derechas sobre la mesa, y se metía entre los días de su juventud un encuentro que habría de contener una promesa de grandeza futura, una de aquellas profecías a posteriori tan populares y conmovedoras.

Fuera por la razón que fuera,
Clementine esperó y esperó sin desfallecer aquel brillante futuro de una vida mejor para la que no dejó de prepararse jamás. Y con los años su habilidad manual creció a la par con la dulzura y sencillez de su corazón. Por cierto, demasiado grande para este planeta.

                                                                            Johann R. Bach

2 comentarios:

  1. María Jesús

    Me encanta saber la dulzura escondida en las palabras de Cassia hacia Clementine . Refiriéndose a su fortaleza cambiante en amabilidad y cariño.

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  2. XANA GARCÍA
    18:00 (fa 1 hora)

    Ella que desde niña olvidaba comer para crear construyendo ,y probablemente ha ido recogiendo en su ser todo lo que en su vida le pasaba ,se preparaba a la espera de un futuro mejor sin desfallecer como hacen las mujeres fuertes sea cual sea su situación económica ,social y personal .Ahora ,Clementine cargada de años ,aún avanza hundiéndose vejez adentro exhalando amabilidad,dulzura y bondad.No se sabe mucho de ella insiste Cassia, espero que la escritora ante la dificultad de esta narración ,se vacié de ella misma para llenarse de Clementine .No importa el tiempo,lo fácil y banal no suele interesar ,poeta.(La pintura es bellísima)

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