22 may. 2014

Lo comprendes ¿no? Ese muchacho es mucho más lindo que tú...

LEVE SONRISA Y GRUESOS LABIOS

 

El dulce rostro de una mujer,

de cabellos blancos y cansada belleza se asomó a mi lecho en una mañana en que la luz entraba a raudales por los amplios ventanales del hospital y me observó:

 

-Demasiado delgado y vulgar,

demasiado simple, demasiado estropeado su rostro de ojos saltones, aunque evidente y extraña su fealdad tirando un poco a lo grotesco- dijo.

 

Mi rostro se incendió

ante la impotencia de articular palabra y además el vendaje de mis manos me impedía hacer signo alguno.

 

-Pero éste de aquí…

-se giró aquella dama de leve sonrisa y gruesos labios como los míos hacia el compañero hospitalizado en la cama de al lado.

 

¡Oh, contempla el ardor de su juventud,

todo belleza y llama natural en sus mejillas, rosas de fuego! Se volvió otra vez hacia mí diciendo:

 

Lo comprendes ¿no?

Ese muchacho es mucho más lindo que tú. No te ha de saber mal que lo prefiera a ti; tus manos quemadas tardarán tiempo en cicatrizar y no voy a esperar,

 

mano sobre mano, ociosa.

¡Tengo tanto trabajo!

 

-Ahí afuera me esperan los prados

llenos de flores, largas horas con palas y fosas… ¡mira mi encorvada espalda! ¡siempre recostando el espinazo en tierra.

 

Las lágrimas vuelven a mis ojos

al recordar aquel desayuno que tuvo lugar hace ya unas cuentas décadas y que se podría resumir de manera muy simple en una sola hoja de papel tamaño folio:

 

No era tan bien parecido

como para que tan distinguida Dama se fijara en mí. ¡Qué suerte la mía!

 

                                                         Johann R. Bach

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