19 may. 2014

Cuando las mujeres aún tenían poder y elegían para su lecho a los jóvenes mejor dotados

        LA ÚLTIMA CARTA

Nunca pensé

que aquella iba a ser mi última carta a Inmaculada…

 

El invierno comenzaba a desgarrar el aire

y cuando salía de casa, sentía el viento frío del mar sin llegar a ser tramontana ni mistral.

 

Grandes flotas de nubes, oscuras como la noche, surcaban el cielo. El viento agitaba los olivos y los almendros sorprendidos aún con su dulce carga.

 

Era la hora de los búhos,

cuando todas las criaturas privadas de palabras querían hablar. Durante los últimos años estuve enfrascado en la ficción que ella era, pues qué otra cosa podía ser aquella Diosa del Amor, sino un sueño, un espejismo.

 

En mi imaginación la doté

de bellos atributos para poder reconocerla simplemente con el perfume de sus cabellos.

 

Quise crearla a imagen y semejanza

de la Diosa Isis para fijar aún más la ficción. Ambos participamos del juego, nos hacíamos ofrendas y nos dirigíamos súplicas como si fuéramos dioses nacidos de la promiscuidad entre los hombres.

 

Incluso llegamos a preguntarnos

si no éramos nosotros una ficción para los dioses, si no éramos su sombra y reflejo en nuestro eterno juego de citas y besos, de llegadas y despedidas, al igual que ellos que no cambiaban nunca.

 

Sin embargo, conocíamos nuestro sitio.

Reconocíamos que los dioses eran de una época anterior a la escritura y que eran símbolos de una época anterior a la historia,

 

cuando las mujeres aún tenían poder

y elegían para su lecho a los jóvenes mejor dotados para ser inseminadores privilegiados y tras un fugaz año de servicio, eran arrojados al mar desde las rocas.

 

Hallamos, tras nuestros múltiples escarceos amorosos

miles de respuestas sobre las cosas más simples y otras más complejas, sobre lo visible y lo invisible.

 

El invierno comenzaba a desgarrar el aire

y yo te escribí una carta de amor a ti mi Inmaculada Dama de mis Sueños y no pude imaginar que sería la última.

 

                                                             Johann R. Bach

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