18 abr. 2014

Marta G siempre creyó que el arte no tomaba nada prestado de la filosofía

MARTA AIME L'ART

               (sin "m" inicial y sin "a" final)

 

Marta Guillamon sabía desde muy joven

que la tierra giraba, que todo pasa, e incluso que era necesario que los dioses cambiasen, como dijo Renan; pero no podía, a partir del momento en que respiraba y escribía, pensar en su arte de otra manera:

 

hincarle el diente  al fragmento

mediante el análisis más atento y minucioso, lápiz en mano, aquél no era su régimen.

 

Había caído en las horas del pecado.

Pero su arrepentimiento era una nueva inocencia al ir seguido de la rehabilitación por la acción reparadora. Acción que no hubiera llegado sin la experiencia.

 

"les ruego que crean en lo grata

–solía decir Marta- y ligera que es la serenidad que emana del conocimiento de uno mismo". "Hay que trabajar –insistía-: el oráculo os hablará, como por sorpresa, en cuanto tenga el pincel en la mano".

 

Marta Guillamon siempre creyó

que el arte no tomaba nada prestado de la filosofía y que no tenía más fuente que el alma del mundo que lo rodea. Su esencia –decía- es desconocida, como la de la vida; y, su fin es el arte mismo.

 

El arte podría servir

 –repetía en todos los foros- quizá al filósofo, ¿quién sabe?, materia para especular y para amar

 

                                                     Johann R. Bach

 

 

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