4 may. 2013

Toda idea es atractiva. Hasta la idea del Amor sin medida.

          PALABRAS MISTERIOSAS

                COMO ESTRELLAS

 

Lo inexplicable

de alguna frase de las tuyas que no hemos entendido en su tiniebla, se ilumina a veces con tal centelleo que nos ciega… Es precisamente lo real, lo que es metafísico…

 

Pero a los amantes

no les gusta, cuando, entre la adivinanza y la posibilidad de adivinar, la sagacidad quiebra con suavidad  sus aguijones…

 

Al pie de la letra

con su mejor caligrafía se abrazan y se besan y no intuyen que hasta el peligro pasa a ser costumbre e indiferencia. O de lo contrario deberían desaparecer.

Marcharse

sin el dominio del horror, pero con toda seguridad en aquel silencio descalzo que se nos acerca con una invitación floral y dice simplemente: ¡Basta!

 

Pero como ya sabes,

el verdadero amante establece una tregua con el retrato y raramente lleva hasta el espejo el gallo de una palabra todavía no iniciada, un escándalo no acordado y una alegría inexpresada.

 

Toda idea es atractiva.

Hasta la idea del Amor sin medida. Deja que dure, pues, la noche, aunque la última piedra que le queda al constructor de faros tenga que llevarle a la ruina. ¡Que dure la noche,  aunque en las obras ferroviarias del AVE bajo tierra –como palabras misteriosas- tengan que apagar la primera luciérnaga!

 

¡Que dure la noche

en que la escoba de una estrella fugaz haya barrido hace tiempo la caída de los ángeles de todos los jardines al bosque de difuntos! El corazón es gravedad… La razón sólo peso… Hasta en la inocencia póstuma seguimos siendo tentados. ¡Que dure, pues la noche!

                                                        

Y dura…

Sólo un lugar brilla: el agua de la cala estancada, gruta uterina del infierno y los celos con punzadas en la virginidad de la música, más crueles que la violación de una virgen.

 

Si algún ángel

luchara por nosotros, diría lo mismo que nosotros: Así que estás aquí, con los reparos propios de la primera vez. ¿Por qué subiste a la barca? ¡Cómo es posible! ¡Ven!

 

Pero tú,

puesto que por ti lucha Eva, contestas: "Quise tocar las estrellas con la mano, pero temo a las palabras que salen de la boca de un loco.

                                                                    Johann R. Bach

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