28 abr. 2013

UNA CARTA DE AMOR CUALQUIERA

CARTA PARA LECTURA DIFERIDA

 

 

Querido Leo P. Hermes:

 

Te escribo a ti

porque creo que sabrás comprenderme y porque necesito escribir algo de lo que ya no cabe en mi pecho.

 

Aunque quizá te asombre

yo había sentido muchas veces aquella llamarada leve y breve que recorre el cuerpo de pies a cabeza por un contacto casi imperceptible, a flor de piel, por una mirada que te hace sentir de golpe el alma desnuda.

 

Por una palabra tierna,

o por las lágrimas mezcladas en un abrazo que se prolonga, había conocido sensaciones que parecían agotar su sentido en ellas mismas y que no pedían nada más; ninguna urgencia las llamaba a lugar alguno.

 

Alguna vez, también, a los quince años,

una palabra furtiva, cazada al vuelo, una broma entendida a medias en el desmadre de risas y juerga que acompañan las tertulias en la piscina, centelleaban por un momento como unos interrogantes sin respuesta.

 

Las ideas y frases de Marta Guillamón

respondían una pregunta justo antes de que hubiera sido formulada. Y, ante la respuesta, la pregunta osaba hacerse presente con inusitada fuerza.

 

Durante dos años

estuve intercambiando con Marta correos y poemas casi a diario. Me fue más fácil de lo que pensaba, aunque ninguna dificultad –en aquellos momentos- habría puesto freno a mi repentina obstinación.

 

Mis mensajes eran un reclamo,

una llamada imprecisa y abierta hacia lo desconocido. El día que escuché la música que ella me recomendó –Spiegel im Spiegel de Arvo Pärt- sentí un desconocido placer hormigueante en todo mi cuerpo.

 

Aquella música fue para mí

el enésimo descubrimiento de cómo de forma misteriosa podía penetrar su imagen en mi corazón. Hasta aquel momento Marta G. no tenía rostro aunque creo que yo conocía su alma mejor que la mía.

 

A veces mientras me debatía

en una efervescencia informe, ella se presentaba delante de mí armada de la fuerza de la palabra que ordena y da forma. Cierto día en que sentí ahogarme, faltándome el aire y a las puertas del Inframundo, me fue indicando por teléfono, cómo respirar tumbada en el sofá.

 

Me recuperé

y no me cabe la menor duda de que, afortunadamente, su palabra podía más que la mía. Creí entonces que era un ángel y su alma, en último término, la belleza de sus poemas. Y en el encanto de aquel espejo yo buscaba los rasgos ignorados de mi espíritu.

 

La quise conocer,

tocar sus huesos, mirarme en sus ojos... Fue el mayor error de mi vida: Marta no esperaba nada de los hombres; en muchos correos me había dicho que no tenía amigos y al mismo tiempo afirmaba que no había amistad sin estima y que nunca había encontrado un hombre que le hubiera inspirado.

 

Sin embargo no existían barreras para su sexo

lo que me decepcionó profundamente. Rompí el encanto de nuestra relación. Fue apasionante mientras fuimos unas perfectas desconocidas. Sólo pude excluir de mi absoluto menosprecio sus poemas porque, a mi pesar, trascendían su desbocado sexo.

 

A pesar de haber roto el cordón umbilical

que nos unía, no pude reprimir mi deseo y le envié el siguiente poema a modo de felicitación de año nuevo y de despedida:

 

¡¡BUEN AÑO!!

 

Gracias Marta

por éste y cada uno de los poemas que me has enviado en este tiempo. Quizá se me escapen detalles y ya sabes, amiga mía, que a veces resulta difícil juzgar al quedarse sólo con

 

el elemento sensible que percibo.

 

Donde quiera que te lleven tus pasos,

deseo que se vean cumplidos tus anhelos, y la alegría te acompañe.

 

Si la pena osa traspasar la barrera

de tus sueños no le des permanente cobijo. Que tus ojos y tu corazón estén siempre abiertos a la belleza que nos traes en cada uno de tus poemas y en la música que se desprende de tus sienes.                                                                                       

                                                                                                           Rosa Fragans

 

Si algún día alguien lee sus correos,

que no se extrañe de ver que los firmaba como "tu amante" "Besos allí donde los quieras"…

                                                                                           1 de enero de 2.001

                                                                                                    Rosa Fragans 

 

NOTA: Es mi deseo que nadie pueda leer –si ello es posible- el contenido de esta carta antes del 28 de abril de 2.013                                                                                               

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